Malditas palabras
preñadas de tiempo,
enfundadas de rabia
entre tristes páginas de libros descatalogados,
presentes en el interior de las bibliotecas desahuciadas de mi alma.
Malditas palabras,
atropelladas entre vómitos primitivos, descorazonados, sin sentido,
abaten mi espíritu,
lo arrastran al abismo cruel del destino sinvergüenza, malhumorado,
impulsadas por un pretérito no vivido,
imaginado.
Malditas palabras inconexas,
descarriladas, sementeras de tragedias y tormentos;
con tinta azul dibujan desgracias,
envueltas en silencios,
incapaces de mantener sus mentiras flotando en el aire contaminado,
enquistadas en futuros inciertos.
Ojalá describieran tu esencia,
pura, limpia, extrema.
Porque yo…
tan solo soy parte de esas malditas palabras, engreídas, secas, estériles, insensibles,
deshielo de ríos volumétricos, incontrolados, peligrosos.
Malditas palabras,
hieren, matan.