Esta mañana temprano
a la playa fui a pasear.
Encontré la playa vacía
y vacío estaba el mar.
Empecé a ponerme triste
y con ganas de llorar,
te busqué por todas partes
hasta llegarme a cansar,
me tumbé en una barca
y me puse a meditar,
luego llegó una gaviota
con ganas de jugar,
y me susurró al oído:
ten cuidado con las olas
que son calma y tempestad,
son como esa noche de verano
que como viene se va,
es ola enfurecida
y a la vez remanso de paz,
pero si tienes un descuido,
te puede arrastrar
hacia ese fondo del mar.