A petición de una conocida, hoy os hablo sobre la leucemia, conocida popularmente como “cáncer de la sangre”, y de la interpretación que se hace de ella desde la Descodificación Biológica (DBO).
¿Cómo es posible que una enfermedad así afecte a un niño? ¿Existe, desde la perspectiva de la DBO, algún conflicto emocional asociado? ¿Y por qué esta corriente busca respuestas también en el entorno familiar y transgeneracional?
Vamos a ver qué plantea la Descodificación Biológica.
El término leucemia viene del griego y significa “sangre blanca”. Médicamente, las leucemias son cánceres de las células sanguíneas que comienzan en los tejidos donde se forma la sangre, como la médula ósea.
Desde la Descodificación Biológica se otorga a la sangre, además, un significado simbólico relacionado con la familia y el clan. A partir de esta interpretación, la DBO relaciona determinados problemas de la sangre con vivencias emocionales dentro del entorno familiar.
Según esta corriente, en el caso de la leucemia se hablaría de un posible conflicto de desvalorización profunda dentro del clan familiar.
Es importante recalcar que esta es una interpretación propia de la Descodificación Biológica y no una causa de la leucemia reconocida por la medicina basada en la evidencia.
Desde la DBO también se habla de dos supuestas fases asociadas a los conflictos emocionales: una fase activa y otra de reparación. Dentro de este marco interpretativo, sus defensores relacionan determinadas alteraciones de la médula ósea y de las células sanguíneas con esas fases.
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También se asocian simbólicamente a este proceso sentimientos como “no valer nada”, “no ser reconocido dentro de la familia”, “ser una carga” o “no tener derecho a existir o defenderse” dentro del entorno más cercano.
¿Y por qué aparece en niños?
Aquí llegamos a una de las cuestiones más delicadas.
Desde la Descodificación Biológica se plantea que, cuando aparece una enfermedad en un niño pequeño, determinados conflictos podrían buscarse en las experiencias emocionales de sus progenitores o incluso en lo transgeneracional.
Según esta interpretación, un conflicto de desvalorización vivido por la madre u otros acontecimientos familiares podrían formar parte de esa “mochila” emocional que esta corriente estudia.
Sin embargo, esto no significa que una madre o un padre hayan provocado la leucemia de su hijo. No existe evidencia científica que permita establecer esa relación causal.
Desde el punto de vista médico, sabemos que en las leucemias infantiles intervienen alteraciones genéticas y cromosómicas. Existen también determinados factores que pueden aumentar el riesgo, aunque en muchos niños no puede identificarse una causa concreta que explique por qué desarrollaron la enfermedad.
Por eso, cuando desde la DBO trabajamos aspectos emocionales, familiares o transgeneracionales, debemos entenderlos como un acompañamiento y una forma de explorar nuestras vivencias personales, nunca como sustitución de un diagnóstico o tratamiento médico.
Y, sobre todo, sin culpabilizar a los padres.
Ante una leucemia infantil, el seguimiento por parte de los especialistas en hematología y oncología pediátrica es imprescindible.
Desde la DBO, en ningún caso recomendamos abandonar, modificar o sustituir los tratamientos médicos prescritos.
El acompañamiento emocional del niño y de su familia puede ser importante durante todo el proceso, pero debe realizarse de forma complementaria a la atención sanitaria.
Y termino con algo que sí puede convertirse en una acción real para ayudar a muchas personas:
Hazte donante de médula.
La donación puede ofrecer una oportunidad de tratamiento a pacientes que necesitan un trasplante y no encuentran un donante compatible dentro de su familia.
Fundación Josep Carreras contra la Leucemia