Parar también es Avanzar

24 de septiembre de 2026

Durante mucho tiempo hemos aprendido a asociar avanzar con hacer.

Hacer más.
Llegar a más.
Mantener el ritmo.
Cumplir con todo.
No detenernos.

Como si parar significara perder el tiempo. Como si bajar momentáneamente el ritmo fuera sinónimo de retroceder.

Sin embargo, estos últimos meses me han recordado algo que, aunque parece sencillo, no siempre nos permitimos llevar a la práctica: hay momentos en la vida en los que parar es precisamente lo que necesitamos para poder seguir avanzando.

Durante los últimos tres meses, mi vida ha cambiado profundamente. He estado inmersa en un nuevo traslado internacional, en un cambio de residencia a otro continente y en todo lo que supone volver a recoger una vida para comenzar a construirla en otro lugar.

Y quienes alguna vez habéis vivido una mudanza —y especialmente una mudanza internacional— sabéis que nunca consiste únicamente en trasladar cajas.

Hay despedidas. Hay decisiones. Hay documentos. Hay casas que dejar y hogares que volver a crear. Hay colegios, trámites, maletas, recuerdos, incertidumbres, expectativas…

Pero, sobre todo, hay personas transitando el cambio.

Mi familia necesitaba de mi presencia. Yo también necesitaba de mí.

Y llegó un momento en el que tuve que aceptar algo que posiblemente desde fuera parecía evidente: no podía continuar haciendo todo como si nada estuviera ocurriendo.

Pretender mantener exactamente la misma rutina profesional, personal y familiar que tenía antes de iniciar el traslado hubiera sido una auténtica locura.

Porque las circunstancias habían cambiado.

Y cuando cambian nuestras circunstancias, quizá también tengamos que permitirnos cambiar temporalmente nuestras prioridades.

No todo cabe al mismo tiempo

A veces creemos que organizar nuestra vida consiste en conseguir que todo siga funcionando simultáneamente.

La familia. El trabajo. Nuestro emprendimiento. Las relaciones. Las obligaciones. Los proyectos. El deporte. Los compromisos. Nosotr@s mism@s.

Intentamos encajarlo absolutamente todo en las mismas veinticuatro horas mientras repetimos:

“Tengo que poder.”

Pero quizás la pregunta no sea:

¿Cómo puedo llegar a todo?

Quizás la verdadera pregunta sea:

¿Qué necesita realmente de mí en este momento?

Porque no todas las etapas de nuestra vida requieren lo mismo.

Hay momentos para crear. Momentos para crecer. Momentos para exponernos. Momentos para acelerar.

Y también existen momentos para recogernos, reorganizarnos y ocuparnos de aquello que ahora mismo necesita nuestra atención.

Estos últimos meses mi prioridad estaba clara: sostener el cambio de mi familia y sostenerme también a mí dentro de él.

Y eso significaba, inevitablemente, quitar energía de otros lugares.

Elegir también implica dejar espacio

Reconozco que no siempre resulta sencillo.

Cuando tienes proyectos que te apasionan, un emprendimiento que quieres hacer crecer y muchas ideas que deseas desarrollar, detener temporalmente determinadas actividades puede generar cierta incomodidad.

Parece que estás dejando pasar oportunidades.

Que otras personas avanzan mientras tú estás quieta.

Que deberías estar publicando más, creando más, trabajando más, estando más presente…

Pero he aprendido algo importante:

estar ocupada no significa necesariamente estar avanzando.

Y querer atender demasiadas cosas al mismo tiempo puede acabar provocando exactamente lo contrario de lo que buscamos.

Falta de concentración. Cansancio. Frustración. Sensación de no llegar. Y, finalmente, ansiedad.

Hay tareas y momentos vitales que necesitan muchísimo foco. No admiten nuestra presencia a medias.

Porque podemos estar físicamente haciendo algo mientras nuestra cabeza se encuentra en otros diez lugares diferentes.

Y entonces ni disfrutamos de aquello que estamos viviendo ni conseguimos entregar nuestra mejor versión en aquello que estamos haciendo.

Por eso, en determinadas etapas, elegir dónde ponemos nuestra energía se convierte en una forma de autocuidado.

Parar no es abandonar

Quizás uno de los mayores aprendizajes de estos meses haya sido comprender la diferencia entre parar y abandonar.

Abandonar significa renunciar a continuar.

Parar significa concedernos un tiempo. Un espacio. Una pausa consciente.

Es como cuando vamos conduciendo durante muchas horas y nos detenemos unos minutos.

No hemos cambiado nuestro destino ni hemos renunciado al viaje. Simplemente sabemos que necesitamos descansar para poder continuar conduciendo de manera segura.

En la vida sucede exactamente lo mismo.

Hay momentos en los que continuar acelerando puede alejarnos más de nuestro propósito que detenernos durante un tiempo.

Porque cuando paramos también podemos escucharnos. Preguntarnos cómo estamos. Revisar nuestras prioridades. Comprobar si seguimos caminando en la dirección que realmente queremos.

Y decidir conscientemente cuál debe ser nuestro siguiente paso.

¿Qué necesita hoy de ti?

Quizás tú también estés viviendo un momento así.

Un cambio profesional. Una mudanza. Una enfermedad en la familia. El cuidado de alguien. Una maternidad o paternidad exigente. Una separación. Un nuevo proyecto. Una pérdida. O, simplemente, una etapa de tu vida en la que sientes que ya no puedes mantener el mismo ritmo.

Tal vez estés intentando continuar con todo como siempre mientras algo dentro de ti te está pidiendo espacio.

Por eso, hoy quiero proponerte un pequeño ejercicio.

Busca unos minutos de calma y pregúntate:

¿Qué es verdaderamente importante para mí en este momento?

¿Qué necesita ahora mismo de mi presencia y de mi energía?

¿Qué puedo reducir, delegar, posponer o soltar temporalmente?

¿Qué ocurriría realmente si durante unas semanas o unos meses no llegara a todo?

Y, sobre todo:

¿Qué necesito yo?

No respondas pensando en lo que esperan los demás.

Escucha tu propia respuesta.

Puede que descubras que algunas cosas pueden esperar. Que no todo es urgente. Que determinadas oportunidades volverán. Que algunos proyectos podrán retomarse.

Pero quizá este momento concreto de tu vida no vuelva a repetirse.

Mi vuelo continúa

Ahora, después de estos meses intensos, comienzo poco a poco a recuperar espacios. A recolocar rutinas y mirar nuevamente hacia mis proyectos.

A reencontrarme con partes de mi actividad profesional que durante un tiempo necesitaron quedarse en segundo plano.

Y regreso con algo que antes no tenía:

la experiencia de haberme permitido estar donde necesitaba estar.

No siento que estos meses hayan sido un paréntesis vacío. Todo lo contrario. También forman parte del camino.

Porque mientras aparentemente algunas cosas estaban detenidas, otras muchas estaban sucediendo dentro de mí.

Adaptándome. Aprendiendo. Priorizando. Despidiéndome. Comenzando nuevamente.

Estando presente para quienes quiero.

Y estando presente para mí.

Quizás alzar el vuelo no siempre signifique volar más alto.

A veces significa saber aterrizar. Permanecer un tiempo en tierra. Revisar nuestras alas. Recuperar fuerzas. Mirar nuevamente hacia dónde queremos dirigirnos.

Y, cuando llegue el momento… volver a despegar.

Sin culpa. Sin prisa.

Y con la certeza de que parar también forma parte del camino.

Casti Yuste
Las opiniones o ideas vertidas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de su autor. No pretenden reflejar las opiniones o ideario de Autorretrato de Una Mujer Cualquiera o de la Comunidad de Mujeres Cualquiera (CMC). Antes de seguir cualquier consejo o indicación que pudiera mostrarse en esta publicación, consulta con un profesional del sector.

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Casti Yuste

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¡Hola! Soy Casti Yuste, mamá de familia numerosa y durante los últimos 15 años he residido en más de 7 países de Europa y América como expatriada. Me licencié en Administración y Dirección de Empresas, pero mis conocimientos en desarrollo personal, mi experiencia como expatriada y mi vocación por ayudar a los demás me llevaron a formarme como Coach Profesional y conseguir ser Experta Internacional en Expatriaciones, Desarrollo en Valores y Gestión del Estrés.

Estoy aquí para acompañarte a conocerte un poco más, que reflexiones sobre ti y tus anhelos, y demostrarte que puedes conseguir alzar el vuelo si te comprometes y responsabilizas contigo y lo que deseas. No es fácil salir de tu zona de confort, pero sin duda es la única manera de conseguir crecer para alcanzar tus metas. Conociendo tus valores, reconociendo tus logros, fortalezas y debilidades estarás en el camino que te llevará a disfrutar de una vida plena allá donde te encuentres.

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