En el transitar cotidiano, nos hemos topado en algún momento, ya sea en el área digital como presencialmente, con seres formidables; de extraordinaria visión, inspiración, determinación, confianza, disciplina, motivación, mentalidad, misión, inteligencia, entre otras características de excelencia, que nos ayudan en gran medida, el proceso de materializar una espléndida versión (de nosotros mismos), en nuestro radio de accionamiento, directo e indirecto.
Por lo tanto; existen varios cuestionamientos puntuales, para reflexionar en positivo y son los siguientes:
¿Qué significa ser un buen ejemplo para ti?
¿Cuáles serían las características de ser una horrible advertencia?
¿Cómo moldear una realidad o perspectiva por otra de mayor nivel?
¿En qué área te sientes más identificad@ en el tiempo?
¿Puedes evidenciar la delgada línea de diferenciación entre ser una horrible advertencia y un buen ejemplo de humanidad?
Una cosa es aparentar y otra muy distinta, ser auténtic@, sin importar el contexto. En ambos casos; la persona tiene una finalidad, propósito, objetivo o intención, bien marcada. En situaciones especiales, es por un mal modelo de vida, traumas del pasado, cierta ignorancia sobre el tema, poco amor propio, etc. Ahora bien; en las situaciones más favorables; destaca la resiliencia, buena actitud, aprendizaje constante, acompañamiento de profesionales certificados, hábitos de campeones, entre otros apartados destacados.
Estamos llamados; desde el ámbito religioso, empresarial, social, gubernamental y familiar, ser ejemplos de bendiciones inquebrantables, pero caemos sin excepción alguna, en ciertos estados no tan gratos, que dan inicio, a una alta consciencia, de forma progresiva. La buena noticia es que, la evolución no puede detenerse, por nada en el mundo, en otras palabras; es inevitable, pero la elección (de ser un buen ejemplo o una horrible advertencia), si es individual.
Ser una buena persona o ejemplo a seguir, no solo beneficia a los demás, sino que también; tiene un impacto positivo, en su propia vida. Por lo general, las personas que cultivan este acto de excelencia, se sienten más felices, satisfechos y conectados con el mundo, creando una sociedad más justa, compasiva y congruente.
Cabe destacar qué, no es una elección netamente moral, el ser una buen ejemplo, para muchas personas, es un estilo de vida, que nutre las relaciones, proporcionando una elevación en el ser y blindado un desarrollo de mejora continua, que estará sostenido en el tiempo.
Es una responsabilidad que todos tenemos que asumir o aceptar, como seres humanos y una gran oportunidad, para hacer una diferencia genuina, de alto valor fáctico. Además, tiene connotaciones importantes para ser estudiadas por separado; según el contexto, las exigencias, necesidades, prioridades o requerimientos puntuales, por ejemplo en las empresas, la familia, amistades, el medio ambiente, entre otros ítems similares.
Cuando un individuo es líder en su sector, nicho, mercado, industria o posee cierta influencia, llámese cargo de poder, dicha persona debe estar más atento a los detalles (comunicación, gestos, delegación, recompensa, corrección, dinámica y mucho más), para evitar ser una horrible advertencia. No sé trata de titulación académica o empresarial, más bien; del único título que nos otorgó la vida y sí eres creyente, el que nos regala Dios, para servir al extremo y en comunidad, el tener cada uno de nosotros, (humanidad real), por todo lo que nos rodea e interactuamos diariamente.
El acto define o demarca, las intenciones del corazón. Por un lado es fácil caer, en ciertas desviaciones que no edifican el alma, pero más gratificante, es re-construirse desde los cimientos y ser una referencia de superación, para que las demás personas, puedan evidenciar o conectar con un legado remasterizado. Por ende, el llamado es a fortalecer, descubrir o materializar, lo mejor que tiene cada individuo, en pro de un bien común.