Conversamos con la Dra. Katharina Spies, directora médica de Vida Fertility
Podríamos empezar esta conversación con todos los títulos que lleva consigo: doctora en Medicina, especialista en Ginecología y Reproducción Asistida, investigadora, directora médica de Vida Fertility… y actualmente considerada entre el TOP 3 en Fertilidad en toda Europa, pero nada de eso describe del todo a Katharina Spies.
Porque, antes que todo, Katharina es una Mujer que escucha. Una profesional que no ha perdido la capacidad de mirar a los ojos. Y una médica que se sienta con cada paciente como quien se sienta con una amiga: con respeto, sin prisas, sin juicios.
Hoy la recibimos en nuestra sección más íntima, “Quiero ser Mamá: mi camino a la Maternidad”, para hablar no solo de fertilidad, sino también de esperanza, de decisiones difíciles, de caminos no lineales y del valor de confiar en una misma.
Katharina, ¿cómo empieza tu camino en este mundo de la reproducción asistida?
Estudié Medicina en Alemania, pero fue ya en España, durante el cuarto año de mi residencia en Ginecología y Obstetricia, cuando me crucé por primera vez con la Reproducción Asistida. Y puedo decir que fue un flechazo profesional.
Me impactó profundamente descubrir una rama de la medicina que no se centraba en curar una enfermedad, sino en acompañar el nacimiento de una nueva vida. Me emocionaba ver cómo se encendía la ilusión en cada paciente al recibir un positivo, cómo se contenía la respiración al escuchar por primera vez ese diminuto latido.
Pero lo que terminó de marcarme fue vivirlo en primera persona. Poco después de aquella primera experiencia, volví a la misma clínica… pero ya no como residente, sino como paciente. Estaba buscando mi propio embarazo. Y lo conseguí.
El cariño, la cercanía y el respeto con el que me trataron me ayudaron a comprender de verdad lo que significa este proceso desde el otro lado. Ahí supe, sin dudas, que quería dedicarme a esto. Que quería ser parte de ese viaje tan íntimo y transformador que es el deseo de ser madre.
¿Qué te hizo quedarte, dedicarte de lleno a esta especialidad?
La conexión emocional. A diferencia de otras ramas de la medicina, aquí no tratamos sólo un cuerpo: tratamos un proyecto de vida. Ayudar a una Mujer a ser Madre, acompañarla en esa búsqueda tan íntima, es un privilegio enorme.
Y también me quedé por las historias. Porque cada día me enseñan algo. Porque veo mujeres valientes, resilientes, capaces de rehacerse tras cada obstáculo. Porque he llorado de emoción con muchas de ellas al ver el primer latido. Y porque, aunque no todos los finales sean felices, el camino siempre merece la pena.
Muchas lectoras de esta sección están en mitad del tratamiento, o incluso dudando si empezar. ¿Qué te gustaría decirles?
Que no están solas. Que lo que sienten es válido, sea miedo, cansancio, rabia o ilusión. Que este proceso no las define, pero sí las transforma.
En Vida Fertility trabajamos con una mirada muy humana. No queremos que una paciente sea “una más”. Nos importa cómo se siente, qué ha vivido antes, cómo sueña su maternidad. Y sabemos que acompañarla emocionalmente es tan importante como aplicar la técnica más puntera.
¿Hay algo que hayas aprendido de tus pacientes que te haya cambiado a ti?
Muchísimo. He aprendido a no dar nada por hecho. A no juzgar. A valorar el coraje que hay en cada intento.
Y también he aprendido que el amor por un hijo empieza mucho antes del embarazo. Que hay mujeres que ya son madres desde el momento en que deciden buscarlo, incluso aunque aún no haya un positivo.
¿Qué papel juega la confianza en este proceso?
Todo. Porque confiar en el equipo médico te da seguridad, pero sobre todo, confiar en ti misma te da fuerza. Saber que estás haciendo todo lo posible, que estás cuidándote y escuchándote. Y también, a veces, saber parar o cambiar de camino.
No se trata solo de llegar al embarazo, sino de cómo se llega. Con dignidad, con respeto, con conciencia. Y sabiendo que cada decisión cuenta.
Para terminar, ¿qué mensaje dejarías a quienes nos leen y aún no saben si dar el paso?
Que escuchen su deseo. Que no se comparen. Que pidan información, que pregunten todo lo que necesiten.
Y que, pase lo que pase, se rodeen de profesionales que las traten como personas, no como números. Porque en este camino hace falta técnica, sí… pero sobre todo hace falta humanidad.
Gracias, Katharina, por poner voz al otro lado de la consulta.
Por mostrarnos que ser médica también es un acto de amor, y que el deseo de ser madre merece ser acompañado con ciencia, pero sobre todo con alma.