El valor del perdón
¡Hola, alma valiente!
Hoy te voy a hablar de lo importante que es pedir perdón y saber perdonar.
Hazlo por los demás, sí, pero principalmente hazlo por ti, por todo lo que este acto puede aportarte.
Cuando perdonas, te sientes más aliviad@.
Es el primer paso para curar una herida.
Aunque siempre queden cicatrices —y es cierto que nada vuelve a ser igual— si aprendes a perdonar podrás cerrar capítulos e iniciar nuevos comienzos. Estarás gestionando tus emociones y tus sentimientos, y eso te aportará paz y tranquilidad.
Perdonar es un acto de amor hacia ti.
Y sabrás que has perdonado de verdad cuando seas capaz de dar gracias por la experiencia. Ese será el signo de que lo has superado y de que ya no te duele de la misma manera.
Por todos estos motivos, y por muchos más, aprende a perdonar por ti, por tu bienestar.
El perdón como liberación
Con el acto de perdonar, alejas de tu vida la ira, el rencor y el enfado que tanto daño te hacen por dentro, que no te aportan nada y que debes sacar de ti cuanto antes para poder seguir avanzando en tu camino.
Quizás estés pensando que no es fácil perdonar a quien te ha hecho tanto daño.
Y es verdad.
Pero aunque al principio cueste, perdona siempre a esa persona, porque ese es el primer paso para sanar tus heridas. Te aportará paz interior y bienestar, independientemente de que la otra persona acepte tu perdón o no.
Cuidar las palabras y responsabilizarse
Debes cuidar tus palabras antes de hablar y herir a los demás.
Nos podrán perdonar, pero es muy difícil que se olvide lo que se dijo y que todo vuelva a ser como antes.
Intenta empatizar con quien te hirió y analiza la situación.
A veces, tanto tú como la otra persona podéis decir cosas que, en realidad, no sentís. Por eso es tan importante reflexionar antes de hablar, aunque tu intención no sea herir.
No exijas nunca perdón.
Si has sido tú quien ha herido a otra persona y esa persona no acepta tus disculpas, has hecho todo lo que estaba en tus manos. Siéntete orgullos@ por haberlo intentado. Este acto hará que te sientas mejor contigo mism@.
No puedes hacer más: aléjate y sigue tu camino.
La grandeza de pedir perdón
No veas nunca el acto de pedir perdón como una debilidad.
Todo lo contrario: cuando te disculpas y asumes tu responsabilidad, das un ejemplo enorme de madurez y valentía. Creas un proceso curativo para ti mism@.
Si la otra persona no acepta tu perdón, ese es su problema, no el tuyo.
Pide perdón y perdona a los demás para que puedas avanzar, crecer y evolucionar.
Independientemente de la situación que estés viviendo, recuerda que no estás sol@.
Por eso te regalo un beso, un abrazo y un “te quiero”.
Nos vemos en el próximo post y recuerda: sé feliz.
Acompáñame en Almas Valientes. ¡Te espero!