—No podías ser otra cosa, hasta tienes nombre de artista. Bueno, ya cantaba Silvio, eran tres…
—No, mucha gente llama artistas a los matemáticos —contestó Pablo encogiendo los hombros en muestra de no estar muy de acuerdo.
—No mucha gente entiende el arte —dijo Gabriela con esa rotundidad que hacía que pareciera más sabia.
— ¿No es la ciencia lo contrario al arte?
—El arte es saber aplicar la ciencia para algo útil, mira la arquitectura.
— ¡En ese caso soy un artista! Gritó acordándose de los problemas que había tenido que resolver esa mañana para que el programa funcionase. Y de las horas que tardaba en solucionar ecuaciones y algoritmos para llegar a que funcionase a la perfección todo, y lo bonito que era crear de cero programas tan útiles.
Gabriela y Pablo andaban por la acera donde daba más el sol. Después del calor que había hecho, ese septiembre estaba siendo un poco frío. Se agradecían mucho los rayos calientes, teniendo en cuenta que ninguno de los dos se había abrigado mucho. Creo que les costaba asumir que el verano se había acabado. El otoño es maravilloso, no lo niego, pero es triste cuando llega. Y es que, cuando los días se hacen más cortos y se caen las hojas, nos cambia el humor hasta que nos acostumbramos al cambio de estación. No habían quedado, Gabriel y Pablo, digo. Habían coincidido; era lo que necesitaban ambos, apoyo para afrontar el cambio en el tiempo. Una conversación cualquiera es, muchas veces, lo que uno necesita.
—El arte depende del criterio, de saber cuándo y cómo utilizar un conocimiento o técnica para un fin. Y siempre hay un fin, que puede ser desde buscar la belleza a la funcionalidad de construir un puente.
—Bueno, eso es lo que tú opinas. Y de las opiniones… Al final, cada uno tiene la suya y sabe Dios cual es la verdadera. Si buscas la verdad, no tienes más herramientas que contrastar lo que piensan otros y crear la tuya. Verdad o no, será lo más cerca que podrás estar de esta… Ahora pienso: ¿Crees que podemos llegar a la verdad?
—Hay verdades que sí; la ciencia nos permite conocer el mundo. El estudio y el conocimiento son reales.
—Hablas con mucha seguridad, pero… partes de la base de que somos capaces de conocer lo que nos rodea y de qué nuestros sentidos no nos engañan.
—¿Ahora eres Descartes? No es que yo sepa más que él (ni que nadie, en realidad), pero me fio bastante de lo que veo. “El ojo no es ojo porque tú lo mires, es ojo porque te ve“, me parece egocéntrico pensar que nuestro propio ojo sea el que decida que es ojo y que no.
—Antonio estaría de acuerdo contigo. Pero eso al fin y al cabo es una opinión ¿no?
— ¿Tienes tanta confianza con Antonio Machado como para llamarle por su nombre de pila? Opinar no es lo mismo que reflexionar.
Se callaron; entendían que este tema se les quedaba grande, por lo menos de momento. Se habían hecho pensar, por eso se caían bien. Todos pensamos, claro está; sin embargo, escuchar otra perspectiva es indispensable para tener criterio. Corremos el riesgo de quedarnos en la superficie si no escuchamos a otros. No es necesario llegar a una conclusión, lo importante es cuestionarte las cosas, que te importen las cosas. Se miraron con complicidad y no se dijeron adiós. Hay veces que no hace falta despedirse.