Agustina Nicolai

5
(2)
25 de septiembre de 2023

Agustina: La transformación frente a la tragedia 

Nací el 3 de febrero de 1979, en Junín, una ciudad de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, a las 19:02. Eso me convierte en acuariana, con ascendente en Leo. Siempre me fascino la astrología, aunque una parte de mi lo desaprueba, esa parte que me obliga a creer en solo cuestiones demostrables científicamente. Eso me convertiría en una persona con alta autoestima, heredada de Leo, pero combinada con la creatividad y originalidad de Acuario. Y que, anclado en los ideales de igualdad y libertad, le gusta dar órdenes y sabe cómo hacerlo. Una definición muy ambiciosa para una personita que leía el horóscopo y cuanto libro zodiacal hubiese en las góndolas del supermercado Reina Elena, mientras acompañaba a mi mama en la fila para llegar a la caja registradora.

Nací en Junín, pero a los 8 años me toco mudarme a Rosario: el fracaso incipiente en la política de mi papa precipito todo: pasar de ser Tesorero del Nuevo Banco Santurse de Junín a un posible puesto jerárquico en el Banco Nación de la República Argentina, si Ítalo Argentino Luder se hacía con la presidencia del país, a quedar desempleado, sin escalas. En el medio, una estafa del socio nos hizo perder todo: un bar, autos, departamentos y una casa de fin de semana. De todas maneras, eso me marco para siempre: fue una constante en mi vida, el empezar de nuevo una y mil veces. Pero empezar de nuevo en serio, desde cero, desde el piso o desde el subsuelo. Pero fue algo maravilloso, en definitiva. Nunca le temí a los comienzos, ni al reinventarme. Siempre me convencí de que de todo lo malo uno tiene q poder sacar cosas buenas, y vaya que sí.

Rosario me recibió medio de reojo. Para mis compañeros de primaria yo era “la porteña”. Llegamos a Rosario el 2 de octubre de 1987, y empecé la escuela Richieri el lunes siguiente, casi terminando tercer grado. Pase de ser la abanderada de la escuela en Junín a casi repetir tercer grado: el plan de estudio era tan distinto de una provincia a la otra, que en Santa Fe estaban mucho mas adelantados, y no entendía nada. Pero tuve un ángel. Eso si, siempre tuve ángeles que me ayudaron: esta vez fue Norma C.. Era la mama de una compañerita, que no tenia buena onda conmigo, ella no me quería, pero la mama si. Y me enseñaba particular gratis. Me salvo! Gracias a ella no repetí de grado. La recuerdo con tanto cariño. Hace unos meses me entere que falleció muy joven. Se me estrujo el alma. ¿Porque será que los seres buenos mueren tan temprano? Debería estar prohibido, deberían tener mas tiempo para hacer el bien.

 

En la secundaria conocí a mis amigas-hermanas. Marian y Natalia. Son las que me salvaron y me salvan siempre. Son las personas que hace 30 años elijo cada día de mi vida. Las personas entran y salen de tu vida. Pero ellas no. Ellas entraron para no salir más. Las amo con toda mi alma, no imagino mi vida sin ellas. Son las personas en las que mas confío. A veces no se si lo saben, yo creo que sí, porque me gusta decírselo. Pero para mi son familia.

Justamente estando en tercer año surge un hecho que vuelve a cambiar mi vida: mis papas empiezan una crisis terrible, que desemboco en su separación. Y como eran las crisis de mi familia, nada era a medias tintas: pasamos de vivir en un depto en el centro de Rosario, con una comodidad económica muy buena, colegio privado, auto, etc, a quedar en la calle, sin depto, y mi papa sin trabajo nuevamente. Conseguimos un departamento al lado de una villa miseria, nos apretujamos en un 2 ambientes, con todos los muebles amontonados, y la incertidumbre de que iba a pasar. Mi papa nos mudó ahí y se fue a vivir con su amante, y me quede con mi mama y mis hermanos menores, de 6 y 11 años, yo con 16, mucho miedo, angustia, sin entender bien nada de lo que había pasado. Me acuerdo de que me preguntaba cómo había desencadenado todo. Para lo único que reaccioné fue para conseguir trabajo: Marijo, una amiga de la escuela primaria, me recomendó en una mensajería. Trabajaba antes y después de ir a la escuela, y los fines de semana sobre todo. Era caminar, patear la calle, vendiendo una revista ecológica (“Mainumbi” se llamaba, que en guaraní quiere decir Colibrí).

Ese fue un renacer para mi. Fue un madurar de golpe. Mi papa andaba en una crisis existencial, había pasado los 40 y quería focalizarse en su felicidad. Mi mama había quedado devastada: su vida había cambiado de un día para el otro y sentía que había perdido todo por lo que había luchado durante su vida. Mis hermanos eran el amor de mi vida: yo solo quería protegerlos, darles como hermana mayor lo que sentía que mis padres no podían darles, incluso lo que no podían darme a mi. Nos mudamos de nuevo a un depto en el centro, con la ayuda de mi abuela, que había quedado en Junin.  Trabajaba, e iba a la escuela. Y después seguía trabajando. Pude hacer mi viaje de egresados a Italia, y después me fui con mi amiga Marian a Bariloche también, con el curso donde iba mi amiga Marijo en el Superior de Comercio. Tuve doble viaje de egresados: me sentía una super afortunada, sentía que podía hacer cualquier cosa que me propusiera.

A pesar de ser una época muy dura, recuerdo esos años con mucha alegría. Recuerdo que de repente tuve toda la libertad para salir de noche con mis amigas, para ir a bailar, para hacer lo que se me cantaba. Ya no tenia que pedir permiso. El trabajar, el ser independiente, a pesar de tener solo 16 años, me había dado una libertad que un año antes era impensada. Y por suerte la respete. Respeté esa libertad y fui consciente, y madura, y algo sabia. A veces encontrarnos con esa libertad de golpe, hace que metamos la pata. Por suerte, no lo hice.

 

 Mis papas volvieron, increíblemente. Hubiese apostado que mi mama jamás lo perdonaría, pero si, lo perdonó, y mi papa volvió a convivir con nosotros. Recuerdo que yo no quería: me sentía invadida por él, el venía a recuperar un puesto que había perdido, que ahora me pertenecía: el de jefe de hogar. Cuando sentía esto también me sentía egoísta, pero no lo podía disimular. Rara vez puedo disimular lo que me pasa. En general le hecho la culpa a mi ascendente de Leo, aunque también puede ser que no termine de reconocer que tengo un carácter un poco irascible. Eso es algo que odio de mí. Mi psicóloga me lo marca: “no te enojes tanto Agustina”. Pero no lo puedo dominar aún. Algún día quizá sí, yo creo que si…

De todas maneras, la vuelta de mi papa a nuestra casa duro menos que la presidencia de De la Rua. Y a los 2 años volvieron a separarse.

Nos volvimos a mudar, pero esta vez mi papa se mudó más lejos. Se fue de Rosario, se volvió a Junín. Pero como siempre digo, no se fue a medias tintas. Se fue de repente, y definitivamente. Para resumirlo, desapareció. Durante 2 años no tuve noticias de mi papa. Se fue un día del padre. Mas precisamente el 15 de junio de 1997, a la madrugada. Recuerdo acompañarlo a comprar el pasaje. Me repetía que tenia que lograr que mi mama trabaje. Yo le fui sincera, no la iba a obligar. Lo que si podía hacer era trabajar yo. Trabajar más, hacerme cargo de mis hermanos y mi mama, mientras el buscaba reacomodarse en Junín. Pero esos proyectos fueron concretados a la fuerza, en una época del país muy dura. Mi papa dejó de atender el teléfono, y mi abuela paterna solo me repetía que ella no podía hacer nada por nosotros. Ahí me di cuenta de que estaba sola, y que tenia a mis dos hermanos y a mi mama para cuidar. Y así fue.

Trabaje, vendí vinos de la Bodega Tirelli en las villas miserias: era un vino barato, así que se vendía como pan caliente. Hasta que conseguí trabajo en La Gallega Supermercado: un lugar horrible para trabajar, pero con un jefe que me ayudó, que confió en mí, que me hizo todo más fácil, y me enseño muchísimo. Un nuevo ángel: Ramon Garcia, “Moncho”. Mil anécdotas, que no entran en este resumen: tolerar humillaciones, degradaciones, trabajo esclavo, de ahí todo lo que se puedan imaginar. Pero pude ir a la facultad: empecé los estudios de Ingeniería en Sistemas, en la UTN. y esa fue mi meta: recibirme. Estudiaba día y noche, en las horas de almuerzo, en el auto, en el baño, trabajaba 12 horas por día, pero estudiaba 12 más. No se como hacía, no dormía. Y los días parecían de 40 horas.

Mi papa reapareció, pero duro poco. A los pocos meses se fue a vivir a Estados Unidos. Pero ya sus decisiones no me afectaban como antes, yo había tomado el control de mi vida, y todos sus vaivenes solo me pegaban en lo emocional, en extrañarlo, en tenerlo lejos, pero no en el curso de mi vida. Ni a mi ni a mis hermanos, ni a mi mama. Él podía hacer su camino en paz, lo habíamos liberado de sus obligaciones.

Cuando mis hermanos crecieron, me pude ir a vivir sola. Era uno de mis sueños. Pero sola, sola. Sin lavarropas ni televisor. Ahí hice mi primera negociación de contrato de alquiler: como no tenía garantías, y no quería comprometer a nadie, le pagaba 6 meses juntos, q había podido ahorrar antes de mudarme. Y así siempre le renovaba esos 6 meses por adelantado, y el de la inmobiliaria feliz. Estudiaba todo el día. Y podía vivir en todo el caos que deseara: ya mi mama no me podía exigir nada: la ropa se apilaba en mi cama y solo la corría cuando me iba a dormir. Los platos los lavaba cuando podía. El cesto de la ropa sucia crecía hasta desbordar. Pero me sentí completamente libre por primera vez en mi vida. Y también me reencontré conmigo misma. Uno a veces cree que son frases armadas. Pero vivir sola, hacerme cargo 100% de mi vida, desde mis angustias hasta de lavarme la ropa, de aprender a cocinar un simple huevo duro (que gracias a que mi mama era una gran ama de casa, yo era una real inútil en esos menesteres) hasta tener que pasar los días sin ningún tipo de distracciones, desde poder levantarme los domingos a la hora que se me cante, hasta organizarme para pagar los impuestos. Todo eso me ayudo a crecer un montón.

El camino ha sido sinuoso: va bajando, subiendo, pero siempre sentí que iba para arriba. Hasta que la vida me enseñó que uno nunca tiene nada bajo control, y que sí hay cosas que no te dejan ninguna enseñanza positiva. O al menos eso creí en ese momento.

Cuando decidimos casarnos con Leo, también habíamos decidido ser padres. Nunca pensamos que iba a ser tan rápido: en nuestra luna de miel en Cuba, nos hicimos un Evatest cubano, una tira reactiva que teníamos q poner adentro de un vaso de vidrio, y ahí, lejos de casa, nos anoticiamos que íbamos a tener nuestro primer hijo. Náuseas y vómitos durante toda la luna de miel marcaron el comienzo de un embarazo hermoso. Le tejí mil cosas, le cosí mil cosas, desde ropa hasta un moisés de viaje, aprendí a pintar, y le hice cuadros soñados. La pieza de Barbarita era digna de una princesa. Estaba en cada detalle, todo era tul rosa, muñecos, cuadros, flores, detalles. Todo, absolutamente todo, hecho por mí. Me cuide al borde de la obsesión, sin alcohol, sin humo, comida sana, todo era por y para ella.

 

El comienzo de la pesadilla lo marca un sueño. Una mañana despierto agitada y transpirada: un sueño horrible pero muy real me había perseguido toda la noche: mi bebe estaba conectada a mil cables, y yo sabía que estaba muy grave. La angustia me invadió solo hasta que me di cuenta que había sido una pesadilla, pero esa sensación…como olvidarla…me quedó grabada en la piel hasta que la reviví meses después.

Luego de un seguimiento de embarazo que creí completo y acompañada de los mejores profesionales, y ya transcurriendo el octavo mes de embarazo, en una ecografía detectan una CIV. Imaginen esas 3 letras, era un mundo nuevo para mí, algo completamente desconocido. Comunicación intra ventricular. Hasta ese día ni recordaba lo que era un ventrículo. Ese mismo día se casaba Natalia, mi amiga-hermana. ¡No podía estar triste! Yo tenia que estar bien para ella. Así que así fue, guarde el dolor para el otro día. Y los otros días fueron raros: todos los estudios dieron bien. Parecía una falsa alarma. ¡Que mejor noticia! No había nada en el mundo que desease más que escuchar eso: Falsa alarma. Listo. Todo había terminado. Cuando naciera Barbarita íbamos a tener que hacerle estudios, pero bueno, ya no era tan importante.

Y Barbarita nació. Y el pediatra paso a verla, y descarto toda cardiopatía. ¡Otra vez! ¡Que mejor que escuchar eso! No había mas nada que preguntar, no había mas nada que indagar, yo me quería escapar de ese lugar con mi bebe para siempre.

Pero las cosas no salen como uno quiere, sino como salen. Y mi bebe sí tenía una cardiopatía congénita. Mucho mas compleja que esa CIV supuesta de esa ecografía. Mi bebe estuvo internada en terapia intensiva, conectada a esos cables, igual que en mi pesadilla. Nunca pude cumplir el sueño de irme del sanatorio con ella. Es más, viajamos a Buenos Aires para operarla. Pero cuando llegamos, sus órganos ya estaban tan dañados, casi putrefactos, producto de los días que había estado sin asistencia en Rosario.

Su pronostico era muy grave. Llegaron a operarla, pero al otro día su cuerpito no resistió. Y se fué. Y me encontré siendo madre pero sin hija. Y su papa era padre, pero sin hija. Y esa beba maravillosa, hermosa, con unos ojitos azules tan vivaces, que había llegado para hacernos los padres mas felices del mundo, de repente nos había dejado hecho trizas, viendo como juntábamos nuestros pedazitos. El recuerdo mas vivido que tengo de ella es el momento en el que esta por ingresar a la cirugía. Lloraba tanto dentro de esa incubadora, que creo los enfermeros con tal de que calle un segundo, me la abren para que la salude,  y cuando la beso, ella me huele, abre sus ojos azules, vivaces, y deja de llorar. Esa fue mi despedida. Mi ángel. Yo soy atea, justamente porque hay una parte de mi que tiene que creer en todo lo demostrable científicamente. Pero no me pregunten porque, yo sí creo en mi hija. Siempre creí que la iba a volver a ver. Que la iba a volver a encontrar en algún lugar.

La vida me permitió reinventarme, con dos hijas maravillosas. Con Mayte y Delfina, que llegaron para colmarme de amor, de enseñanzas. Porque dicen que nosotros sostenemos a nuestros hijos, pero yo muchas veces sentí que estas niñas me han sostenido a mí, infinidad de veces.

Y con los años pude armar una fundación con otros papas, que pasaron por situaciones parecidas, que perdieron a sus hijos por una Cardiopatía, o que aun los tienen pero tienen que luchar por una mejor calidad de vida. Y en cada charla, en cada lucha, en cada trabajo con esa fundación, yo sentí a mi hija.

Yo sentí que mi hija estaba ahí. Estaba en el dolor convertido en amor para ayudar a los demás. Y sentí, como siempre digo, una bendición enorme, porque sentí que ella me había convertido en una mejor persona. Que me había permitido poner una semillita para tratar que el mundo sea un lugar un poco mejor. Y pude entender que su paso por mi vida fue trascendental. Como dice Monica, la vida de las personas no esta signada por la cantidad de tiempo vivido, sino por la transformación que hace en los demás. Y mi hija me transformó muchísimo, y en algo mucho mejor de lo que era. Y transformó a mucha gente.

Hoy hace 4 años que mi papa falleció. El también pudo reinventarse. Pudo reivindicarse conmigo, como abuelo: fue tan pero tan buen abuelo, que borró todo lo desastroso que fue como mi padre. No fue fácil mi relación con él. Nunca. Por suerte mi psicóloga los últimos 6 años de su vida me ayudo a reconstruirla. A entender que él fue el papa que pudo. Y lo ame con toda el alma. Fue mi confidente, mi consultor, mi apoyo emocional. Los años lograron que todo lo malo quedara atrás, y que los últimos hayan sido los mas maravillosos años compartidos con él.

Hoy también me divorcie, pero tengo la mejor relación con mi ex marido. Es el mejor papa que pudieron haber tenido mis hijas. Y nos une una relación de mucho respeto y contención. No fue fácil tampoco, fue muy difícil. Pero cuando la gente es buena en esencia, todo se resuelve, y el tiempo cura hasta el mayor dolor.

Y hoy estoy dirigiendo una empresa. Una empresa que mi ex jefe, otro ángel que se cruzo en mi vida, que fue como un padre para mí, me dejo, me regalo prácticamente. Rolo, el tío Rolo como se autodefine, un ser al que le debo tanto. Y esa empresa es uno de mis motores, con la que proyecto muchísimos sueños, algunos que muchos deben pensar que son delirios. Pero tengo la rara costumbre de sentir muchas veces que todo lo que me propongo lo logro, aunque no siempre es así, yo lo siento igual. Y siento que estoy rodeada de ángeles que siempre me ayudan, y además tengo un ángel propio, que también me cuida desde algún lugar de mi ser.

Cuando me preguntan que sueño me queda por cumplir, no lo se. Cumplí sueños que nunca tuve, y me encanta que la vida me sorprenda. Ojalá sean mas las sorpresas lindas que las feas. Y ojalá que queden muchas páginas más para contar.

Hay gente que nace con mas recursos que otra. Eso es innnegable. Y no lo estoy descubriendo yo. Pero también es verdad que cada uno puede tomar el control de su vida, y luchar, luchar mucho mas que alguien que tiene todo servido, pero si te cruzas con los ángeles necesarios, y si te esforzás, podes lograr cosas maravillosas.

 

A ti, mujer que me lees, quiero decirte: no importa lo oscuro que parezca el camino, siempre habrá una luz al final del túnel. Tu fuerza interior es tu mayor aliado. Agárrate de ella y sigue adelante. Porque si yo pude, tú también puedes. Y recuerda siempre, en medio del caos y la tempestad, hay ángeles a tu alrededor, listos para ayudarte a volar.

 

Las opiniones o ideas vertidas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de su autor. No pretenden reflejar las opiniones o ideario de Autorretrato de Una Mujer Cualquiera o de la Comunidad de Mujeres Cualquiera (CMC). Antes de seguir cualquier consejo o indicación que pudiera mostrarse en esta publicación, consulta con un profesional del sector.

¿Qué te ha parecido esta publicación?

¡Haz clic en una estrella para puntuarla!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 2

Todavía nadie ha votado en esta publicación. ¡Sé el primero en puntuarlo!

Agustina Nicolai

Elena Ramirez

ElenaRamirez

Hola soy Elena, una Mujer Cualquiera

Empresaria, escritora y madre orgullosa, mi vida gira en torno a los proyectos que laten con el corazón.

Tras más de una década dedicada al mundo digital, fundando agencias como www.bebluee.com, hoy acompaño a mujeres valientes en uno de los caminos más delicados y transformadores de sus vidas: el de la maternidad. Como Responsable de Calidad y Relaciones Clínicas en Vida Fertility, mi misión es escuchar, apoyar y tender la mano a quienes sueñan con ser madres.

Porque yo también creo que los milagros comienzan con una historia compartida.

Suscríbete a
Historias de la Comunidad de Mujeres Cualquiera

Recibe en tu email, una vez a la semana, una alerta con las nuevas publicaciones. Podrás cancelar tu suscripción en cualquier momento y nunca te enviaremos spam.

Regístrate

Únete a la CMC: Una Comunidad de Mujeres Cualquiera creada por y para ti. Accede a los contenidos e interactúa en todos ellos, da visibilidad a todos tus proyectos y participa en las Iniciativas y Eventos.

Regístrate (¡es gratis!)

Comparte esta entrada

2 respuestas

  1. Me identifico con la parte de la historia en qué tuvimos un padre que no supo ejercer de padre, pero ambas entendimos que no lo supieron hacer de otra forma. Me emocioné al leer tu relato sobre la bebita que perdiste y la fuerza que tuviste, como supiste de un hecho traumático sacar algo positivo y comenzar a ayudar a otras personas en tu misma situación. Una valiente sin duda. Un abrazo fuerte : )

Deja una respuesta

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad