Querida Mujer soñadora que estás al otro lado,
¿Cómo te encuentras hoy?. Hoy vengo a contarte un poquito más sobre mi cambio, por así decirlo.
¿Por dónde voy a empezar?
El día que decidí cambiar la definición que tenía sobre mí misma. Esa palabra que escogí para definirme, que creía que me hacía poderosa, hasta que entendí, que lo único que estaba haciendo, era acabar conmigo misma. Ese día me di cuenta de la importancia de elegir bien lo que decimos, lo que nos decimos.
Quizás te estés preguntando cuál era esa palabra, y a eso voy, a compartirla. La palabra era luchadora.
Soy una mujer luchadora que puede con todo, que consigue todo lo que se propone, pero sin tener en cuenta todo lo que está costando.
Cuando eres una luchadora es porque estás en guerra, y si tu mundo es así… no hace falta decir nada más, ¿verdad?
Desde pequeñas nos han enseñado que hay que pelear por lo que quieres conseguir, sea lo que sea. Puede ser para ser amada, para que te escuchen, para conseguir ese trabajo o incluso para alcanzar el éxito. Porque el que algo quiere, algo le cuesta, ¿no?. ¿Te suena este dicho?.
Si para ser felices, tenemos que ganárnoslo, quiere decir, que tenemos que demostrar que nos lo merecemos. Y ahí empieza la autoexigencia y esa búsqueda constante de la perfección inexistente.
Tengo que trabajar más, tengo que esforzarme más, tengo que hacerlo mejor, tengo que ser capaz, tengo que… tengo que… tengo que…
¿Te suena todo esto?¿Cuántas veces has sentido que no importa cuanto hagas, nunca es suficiente?
Y aquí es donde aparece el cansancio extremo. Cuando te das cuenta de que no puedes seguir así. Cuando te haces consciente de que tu vida poco tiene que ver con vivir, con disfrutar, sino que se ha convertido en un juego de supervivencia y que no sabes muy bien cómo vas a resistir para llegar a la siguiente fase.
Es decir, aquí es cuando te das cuenta de que tiene que haber otra manera, otra forma “de vivir”.
¿Y sí dejamos de luchar, para empezar a elegir?
En el momento en el que decides dejar de luchar, la guerra desaparece.
La lucha consta de dos partes: de uno que ataca, y de otro, que se defiende. Si una de las partes desaparece, la pelea, también lo hace.
Y ahí es cuando entiendes, que esas batallas ya no son tuyas. Que no tienes que demostrar nada a nadie, ni seguir cumpliendo con expectativas ajenas. Ahí es cuando comprendes que puedes soltar, escucharte, elegir, y vivir la vida que tú quieras vivir.
Cambiar el luchar por amor para empezar a elegirlo, el no ser suficiente por verte, el tener que demostrar, por el elegirte.
Empezar a abrazarte tal cual eres, sin exigencias ajenas.
Hoy te invito a soltar lo que te pesa, para empezar a confiar. A vivir desde la ligereza. A relacionarte con el mundo desde una forma diferente.
Cuando te das el permiso de soltar, la verdadera transformación aparece.
Deja de luchar contra la corriente, y déjate fluir con ella. Permítete descubrir a dónde te lleva, qué lugares te invita a descubrir. ¡Ríndete! ¡Suelta la espada!
Piénsalo por un momento. Planteatelo. ¿Cómo sería tu vida si sueltas la lucha? ¿Qué cambiaría si empiezas a fluir?
Así que, querida mujer imparable, elige lo que te de paz, lo que te siente bien a ti.
Hoy puedes tomar una decisión: seguir luchando o empezar a elegir.
La paz que buscas ya está en ti, solo tienes que atreverte a soltar.
Gracias por estar a mi lado. ¡Te escribo pronto!
Con cariño,