Hola bonita,
Hoy quiero hablarte de algo con lo que todas, en algún momento, hemos lidiado: nuestro reflejo en el espejo.
Ese momento en el que nos quedamos ahí, mirándonos, pero sin reconocernos del todo.
A veces nos gusta lo que vemos, otras, no tanto. En ocasiones, hasta evitamos mirarnos.
La relación con nuestro reflejo es una de las más íntimas y, a la vez, puede que sea una de las más difíciles que tenemos. Porque no se trata solo de lo que vemos, sino de todo lo que creemos sobre nosotras mismas. Nos han enseñado a juzgarnos con dureza, a buscar defectos, a no ver nuestras virtudes, a medirnos en base a estándares imposibles. Y si el espejo no devuelve lo que esperamos, el problema nunca es el espejo, sino la historia que nos contamos.
Quiero invitarte a cuestionarte esa historia.
Piensa en la primera vez que te miraste al espejo y no te gustó lo que viste.
¿Qué edad tenías?
¿Quién o qué te hizo pensar que había algo que cambiar en ti?
¿Cómo sería tu vida si nunca hubieras recibido ese mensaje?
Nos pasamos la vida persiguiendo una versión de nosotras que, muchas veces, ni siquiera es nuestra. Es una versión filtrada por las expectativas, la comparación, los comentarios de otros, los cuerpos que vemos en redes sociales, en las revistas y en la televisión. Y en esa persecución … Nos olvidamos de mirar con amor lo que realmente somos.
¿Qué pasaría si, en lugar de buscar lo que falta, empezamos a notar lo que ya está?
En lugar de ver las líneas de expresión como señales de que envejecemos, las viéramos como la prueba de todas las veces que hemos reído.
En lugar de obsesionarnos con cada cambio en nuestro cuerpo, lo viéramos con gratitud por todo lo que ha vivido y nos ha permitido hacer.
En lugar de querer ser otra, nos atreviésemos a ser más nosotras mismas.
No te voy a decir que te pares frente al espejo y te repitas cosas que no te lo crees. No quiero que te mientas. Pero sí quiero que empieces a tratarte con la misma ternura con la que tratarías a una amiga. Que empieces a hablarte con amor, aunque al principio te suene extraño. Que cuando te mires, no sea para criticarte, sino para conocerte.
La próxima vez que te encuentres con tu reflejo, en lugar de buscar lo que cambiarías, busca lo que más te gusta de ti. Y si no lo encuentras todavía, porque tenerlo sé que lo tienes, no pasa nada. Pero prométete que empezarás a mirar con otros ojos. Porque la mujer del espejo no es solo un cuerpo, es una historia, una fortaleza, una vida entera que merece ser vista con amor.
Y si el espejo no devuelve lo que esperas, tal vez sea momento de cambiar la mirada, no el reflejo.
Con cariño,