Las circunstancias naturales de un ser humano pueden estar a favor o en contra de una manera tal, que no sea responsabilidad alguna de la persona en sí. Si reconocemos esta realidad y nos alejamos de la posición victimista de quejarnos y apoyarnos en las circunstancias para excusarnos y no hacer el trabajo que nos corresponde para salir de ese hecho, ya habremos dado el primer paso para cambiar nuestra historia.
De esta manera, un emprendedor puede ser o no un perdedor nato, y aún así, aunque lo sea, estará en capacidad de transformar su vida. ¿En qué me baso para hacer semejante aseveración? En el hecho de que la biología nos juega a favor. Es decir, nuestra forma de interpretar y comportarnos puede determinar nuestro éxito o nuestra estancia eterna en el fracaso.
Movernos por el mundo con actitud derrotista, permitiendo que nuestros movimientos corporales envíen información no positiva a nuestro cerebro, sólo nos va a garantizar que no podremos dejar de estar en una posición de indefensión y que no tendremos jamás la experiencia de vivir tal cual queremos.
Por el contrario, haber nacido en un entorno desfavorable no debe ser una declaración de intenciones fatalistas, sino una gran oportunidad de aprender cómo entrar en el poder de nuestra mente y utilizar las herramientas que la naturaleza misma nos ha concedido con nuestro nacimiento.
Es concluyente después de un gran número de estudios, que una parte importante de personas “fracasadas”, sólo tiene un gran cúmulo de malas costumbres que las conducen a la más baja escala y una baja denominación que sólo trae como resultado la baja o escasa producción de serotonina, hormona responsable de nuestro bienestar.
Dicho esto, generar un bucle de retroalimentación de lenguaje y comportamiento positivo, nos va a llevar a alterar los niveles en las hormonas definitorias de nuestro mejor estado. De esta manera, un emprendedor puede ser un fracasado nato o no, y también puede, aunque lo sea, convertir una vida lamentable en una historia de superación y éxito, a través de la adaptación de posturas corporales idóneas, el uso de la musculatura facial responsable de las emociones menos reactivas, y esto es de esta forma, porque una persona no es sólo un cuerpo, sino también es un espíritu, una energía, una mente, tan moldeable como el mismo dueño de ese cuerpo lo desee.
Sí, puedes haber nacido fracasado. Ahora bien, es tu decisión vivir y morir en el mismo estado.