De madre superviviente a diosa virtual: mis aventuras con las Meta Quest

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23 de enero de 2026

Hay un momento en la vida en el que sabes que ya no hay vuelta atrás.
Algunas personas lo sienten cuando se casan.
Otras, cuando tienen hijos.
Yo lo sentí cuando me puse las gafas de realidad virtual y aparecí en una plaza futurista rodeada de avatares que hablaban inglés a toda pastilla.

No entendía nada.
Pero sonreí como si lo entendiera todo.

Bienvenido al metaverso, me dije.
O mejor: Welcome to the freakin’ future, baby.

Nivel de frikismo desbloqueado: Diosa intergaláctica

Esta Navidad decidí pedir un solo regalo. Uno. El definitivo. El que lo cambiaría todo.
Nada de perfumes, ni bolsos, ni cosas de madre responsable.
Este año le dije a Papá Noel, a los Reyes Magos y al del seguro de hogar:

“Chicos, este año me pido unas Meta Quest 3S. Y punto.”

Pero claro, no venían solas.
También cayeron:

  • Una correa de sujeción para la cabeza (para que no salga volando al esquivar dragones).

  • Una batería externa para maratones de aventuras que ríete tú del Señor de los Anillos.

  • Y por supuesto, la suscripción a la plataforma de mundos y juegos RV (porque ¿quién quiere vida real cuando tienes una vida pixelada que es mil veces más épica?).

El combo perfecto. O lo que en mi idioma se traduce como: “Me he fundido todo el presupuesto navideño y de paso el de mi próximo cumpleaños, pero YO LO VALGO.”

Primer contacto: shock cultural y lingüístico

La primera vez que me puse las gafas, me metí en un mundo virtual sin tener ni idea de qué me esperaba.

Y pum:
Aparezco en una especie de plaza futurista tipo Cyberpunk con luces de neón, pantallas flotantes y peinados imposibles.
Unos 30 avatares a mi alrededor.
Todos hablando.
Todos americanos.
Y yo ahí, sola, con cara de “esto me lo tenían que haber subtitulado”.

— “Hey bro, where you from?”
— “Nice avatar, man!”
— “Let’s go to the rooftop party in the sky castle!”

Y yo, con mi avatar de serie (una especie de mezcla entre Dora la Exploradora y Eleven con resaca), sonriendo como una turista japonesa perdida en el metro de Nueva York.

Fue mágico. También un poco traumático. Pero sobre todo… muy friki.

Lo bueno, lo malo y lo absurdamente maravilloso

Desde entonces he:

  • Bailado en una discoteca flotante sin moverme del salón.

  • Pintado grafitis virtuales en muros que no existen.

  • Luchado con sables láser al grito de “¡Que la fuerza te acompañe, criatura del sofá!”

  • Hecho yoga junto a un robot zen que no juzga mis nulos estiramientos.

  • Y tenido conversaciones absurdas con adolescentes canadienses que creen que España es un pueblo con playa.

Pero lo mejor de todo es esa sensación de escapismo total.
Te metes las gafas y te olvidas de todo: de la cena que tienes que hacer, de la lavadora sin tender, de las facturas, del cole de los niños…
Se te olvida hasta cómo te llamas.

Realidad virtual, autoestima reforzada

¿En la vida real me levanto con ojeras, moño mal hecho y cara de madre desbordada?
Sí.
¿En la realidad virtual soy una guerrera galáctica con capa brillante y abdominales de acero?
TAMBIÉN.

¿Y sabes qué? Esa ilusión también alimenta el alma.

Conclusión: no estoy bien, estoy mejor que bien

Puede que me haya pasado con el nivel de vicio.
Puede que me haya fundido el presupuesto anual en gadgets para evadirme del mundo real.
Puede que esté un poco más cerca de convertirme en un personaje secundario de Ready Player One.
Pero jamás he sido más feliz.

Así que, querido lector friki:
Si un día ves a alguien en el metaverso bailando como si nadie la viera (aunque la están viendo 47 avatares desde Kentucky), esa soy yo.
Pásate a saludar. Prometo intentar entenderte… aunque sea en inglés.

¿Tú también tienes un alter ego en el mundo virtual? ¿Te has metido ya en este universo o sigues peleándote con el router de casa? Cuéntamelo en los comentarios… ¡o mándame un avatar con forma de dragón!

Elena Ramirez
Las opiniones o ideas vertidas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de su autor. No pretenden reflejar las opiniones o ideario de Autorretrato de Una Mujer Cualquiera o de la Comunidad de Mujeres Cualquiera (CMC). Antes de seguir cualquier consejo o indicación que pudiera mostrarse en esta publicación, consulta con un profesional del sector.

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Elena Ramirez

ElenaRamirez

Hola soy Elena, una Mujer Cualquiera

Empresaria, escritora y madre orgullosa, mi vida gira en torno a los proyectos que laten con el corazón.

Tras más de una década dedicada al mundo digital, fundando agencias como www.bebluee.com, hoy acompaño a mujeres valientes en uno de los caminos más delicados y transformadores de sus vidas: el de la maternidad. Como Responsable de Calidad y Relaciones Clínicas en Vida Fertility, mi misión es escuchar, apoyar y tender la mano a quienes sueñan con ser madres.

Porque yo también creo que los milagros comienzan con una historia compartida.

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