Las primeras pérdidas de la vida: el origen invisible de muchas heridas

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6 de marzo de 2026

Hace unos días, mientras preparaba una clase, surgió en mí una inspiración que hoy quiero compartir contigo.

Una reflexión profunda sobre algo que, aunque forma parte de todos nosotros, pocas veces nos permitimos mirar con atención: las pérdidas que acontecen al inicio de nuestra vida.

Cuando hablamos de pérdidas, solemos pensar en momentos concretos de la adultez: una separación, la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, una ruptura, un cambio importante… Sin embargo, existe una realidad mucho más profunda: nuestras primeras pérdidas pueden comenzar incluso antes de tener conciencia de estar vivos.

Y esas experiencias tempranas, aunque no las recordemos de manera racional, pueden influir profundamente en cómo nos relacionamos con el mundo, con los demás y con nosotros mismos.

La primera pérdida: el nacimiento

Desde que nacemos, atravesamos una experiencia decisiva: la separación del cuerpo de nuestra madre.

Durante aproximadamente nueve meses, el bebé vive en un estado de fusión. No existe una frontera clara entre él y la madre. Es una unidad profunda. El bebé está sostenido, nutrido, protegido y contenido en un espacio donde no hay carencia, ni distancia, ni esfuerzo.

Sin embargo, llega el nacimiento y con él aparece la primera gran ruptura: pasamos de ser uno a ser dos.

En ese instante se produce una pérdida enorme, aunque natural: se pierde el contacto total, el calor constante, el latido, la estabilidad, la sensación de pertenencia absoluta.

Y entonces surge una pregunta esencial:

¿Qué puede acontecer en ese nuevo ser cuando se rompe esa unidad?

La forma en la que se viva ese nacimiento y esa separación puede marcar de manera importante el sistema emocional del bebé y su forma futura de vincularse.

¿Cómo influye el nacimiento en nuestra manera de vivir?

No todos los nacimientos se viven igual.

Algunas personas nacen en un entorno tranquilo, con contacto inmediato, con brazos disponibles, con calma y acogida. Otras, sin embargo, nacen en un contexto de urgencia, estrés, separación temprana o intervención médica que impide el contacto inmediato con la madre.

Y aunque desde la mente adulta podamos pensar que “eso ya pasó” o que “no puede afectar tanto”, el cuerpo del bebé registra todo. El sistema nervioso se configura desde ahí. El vínculo inicial se graba desde ahí.

Por eso es importante preguntarnos:

  • ¿Cómo fue mi nacimiento?

  • ¿Hubo separación de mi madre?

  • ¿Fui acogido/a con contacto o con distancia?

  • ¿Cómo fue el primer instante de mi llegada al mundo?

Reflexionar sobre esto puede abrir nuevas puertas internas que jamás habíamos explorado.

Pérdidas antes de nacer: el impacto de lo invisible

Hay experiencias aún más profundas que pueden ocurrir durante el embarazo y que muchas veces quedan ocultas.

¿Tu embarazo era gemelar?

En algunos casos, el embarazo pudo haber comenzado siendo gemelar y uno de los bebés no llegó a término.

Si esto ocurrió, el bebé que continúa en el vientre vive una pérdida temprana: la pérdida de un compañero, de una presencia que estaba allí y desaparece.

Lo más impactante es que, aunque la madre no siempre lo supiera, el bebé sí pudo percibirlo, porque su cuerpo estaba compartiendo espacio, energía y existencia con alguien más.

De pronto, esa presencia se apaga.

Y esto puede generar huellas profundas en el bebé que sigue en la vida: sensaciones de vacío, de soledad, de búsqueda constante, de miedo a perder, de necesidad de compañía o incluso una tristeza difícil de explicar.

Durante el embarazo: el bebé siente más de lo que imaginamos

Durante el embarazo, el bebé vive rodeado de líquido amniótico, flotando, contenido y sostenido. Es un espacio que lo mece, lo acaricia y lo protege.

Pero también es un espacio donde el bebé recibe información emocional.

El bebé no solo se forma físicamente. También se forma emocionalmente. Su sistema nervioso se desarrolla en el campo emocional de la madre.

Y esto significa que todo lo que la madre vive durante el embarazo impacta al bebé, de una forma u otra.

¿Tu madre vivió alguna pérdida durante el embarazo?

Puede que tu madre atravesara en ese tiempo:

  • la muerte de alguien cercano

  • conflictos familiares

  • dificultades económicas

  • pérdida de trabajo

  • una separación afectiva

  • miedo, angustia o inseguridad

  • presión emocional o estrés prolongado

Si esto fue así, es posible que el bebé registrara esas emociones como parte de su mundo interno inicial.

Y esto no se trata de culpar a nadie. Se trata de reconocer que el bebé se construye en un entorno emocional y que ese entorno deja huella.

¿Te habías parado a pensar en todo esto?

Muchas personas pasan años sintiendo ansiedad, inseguridad o dificultades para relacionarse sin comprender de dónde provienen.

A veces buscamos respuestas únicamente en la infancia o en la adolescencia, y olvidamos que nuestra historia comienza mucho antes.

Comienza en el vientre.
Comienza en el nacimiento.
Comienza en los primeros instantes de contacto o de separación.

Y aunque no tengamos memoria consciente de ello, nuestro cuerpo sí recuerda, y mucha información queda registrada en nuestro inconsciente, allí guardada para cuando podamos revisarla.

Mirar nuestros inicios es un acto de amor hacia nosotros mismos

Mi invitación es que te detengas por unos instantes y revises, en la medida que puedas, cómo fueron tus primeros momentos de vida.

Conéctate contigo.

Porque dentro de ti existe información guardada que espera ser mirada desde la consciencia adulta, desde este presente.

Ahora ya no eres ese bebé indefenso. Ahora eres un adulto capaz de sostener, comprender y sanar con presencia.

Y mirar no significa sufrir, significa liberar.

Te recomiendo un ejercicio práctico: reconstruir tu historia

Si aún tienes a tu madre, a tu padre, a tus hermanos o a otros familiares, puedes preguntarles.

Si no, puedes escribir con lo que sepas, con lo que intuyas, con lo que recuerdes, incluso con lo que sientas.

Coge una libreta y anota:

  • todo lo que te hayan contado sobre tu embarazo

  • cómo estaba tu madre emocionalmente

  • si hubo pérdidas o acontecimientos fuertes

  • cómo fue tu nacimiento

  • si hubo separación inmediata o contacto

  • cómo fue la acogida familiar

  • cómo te recibieron tus hermanos, si los hubo

  • cómo vivió tu madre ese momento

Después observa:

¿Qué sensaciones aparecen en ti al escribirlo?
¿Qué emociones surgen?
¿Qué patrones comienzan a cobrar sentido para ti?

Lo que no se mira, a veces se puede repetir

Cuando una experiencia temprana no es reconocida, muchas veces se convierte en un patrón.

Y entonces aparecen en la vida adulta:

  • miedo al abandono

  • dificultad para confiar

  • necesidad constante de control

  • hipersensibilidad emocional

  • sensación de no pertenecer

  • inseguridad profunda sin motivo aparente

  • bloqueos ante los cambios o separaciones

No porque haya algo mal en ti, sino porque una parte de tu historia quedó sin ser mirada y sostenida.

Sanar es posible para ti hoy

Cuando nos permitimos mirar nuestros inicios con compasión, algo interno se reordena.

Hay una sabiduría profunda en el ser humano.

Cuando internamente decimos:

“Estoy dispuesto/a a liberar lo que me bloquea, por mí y por quienes también estuvieron allí”,

el inconsciente comienza a abrir puertas.

Aparece información.
Aparecen memorias emocionales.
Aparecen comprensiones que antes no estaban disponibles.

Y desde ahí puede surgir un proceso transformador en plenitud para ti.

Un nuevo presente comienza cuando miramos el origen

Revisar nuestras primeras pérdidas puede ser un acto de gran liberación.

Nos permite avanzar más ligeros.
Nos permite comprender nuestras reacciones.
Nos permite dejar de luchar con lo que no entendemos.
Nos permite habitar nuestra vida desde un lugar más amoroso y consciente.

Porque cuando reconocemos de dónde venimos, podemos elegir hacia dónde queremos ir.

Te abrazo con el corazón en este proceso

Te abrazo por permitirte mirar.
Por atreverte a observar tu historia desde una perspectiva nueva.
Por abrirte a revisar aquello que durante tanto tiempo permaneció oculto en ti.

Quizá este texto sea una puerta.
Quizá sea un inicio.
Quizá sea un paso hacia tu propia liberación.

Y si así lo sientes, recuerda: no estás solo/a.

Avanzamos junt@s, desde el corazón, desde la presencia y desde una nueva conciencia.

M Àngels Olivé Piñol
Las opiniones o ideas vertidas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de su autor. No pretenden reflejar las opiniones o ideario de Autorretrato de Una Mujer Cualquiera o de la Comunidad de Mujeres Cualquiera (CMC). Antes de seguir cualquier consejo o indicación que pudiera mostrarse en esta publicación, consulta con un profesional del sector.

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M Àngels Olivé Piñol

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Mi nombre es Mª Àngels, me siento una Mujer con una sesibilidad mas consciente. Que todo ello me aporta a desear estar presente en mi vida, y desde alli estar al Servicio para otros poder acompañar y avanzar a otros igual o mas desde mis propias experiencias con la vida, y sobretodo en esta ocasión , con los ciclos de Pérdidas, en los cuales tod@s estamos inmersos. Recordando que la vida es mucho mas cuando decidimos integrarla desde el corazón. Puedes seguirme a partir de ahora en mi sección Reconociendo y Abrazando las Pérdidas.

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