El potro nació un 05-01-05 y me lo entregaban ya con 8 meses, el 05-09-05… ¡Todo era capicúa! Todo se confabulaba para que mi deseo más duradero, ya que desde la niñez que quería tener un caballo, se pudiera hacer realidad.
¡Pues ya tengo caballo! En septiembre de 2005 me entregaron al potro, se llamaba Nevado LXXV, los caballos pura raza española heredan el nombre de su madre y el número romano que les toque según su genealogía y los orígenes de esa estirpe. Eso ponía en sus papeles de Pura Raza Español. ¡La leche! Sí, me costó hacerme la idea de que, en unos meses, después de la llamada de que me había tocado el sorteo del potro, debería tener todo organizado para ver dónde iba a vivir, buscar una cuadra, prado, etc. Además, saber que el sitio me garantizaba todos los cuidados de un potro: estar suelto, sin peligros, hierros, alambres, que estuviera en una finca lo más grande posible para que pudiera jugar y correr, gente al cargo de su alimentación que supiera de potros, ya que la alimentación de un caballo es muy importante para su desarrollo, pero sobre todo para no tener problemas graves como los cólicos, que son la principal causa de muerte de los caballos.
Así que me tocó ir a mirar fincas por la zona de la sierra de Madrid y elegir donde podría o creía yo que pudiera estar mejor. Y cerca de mi casa había varias, pero preferí irme un poco más lejos, donde un matrimonio vivía en la finca de al lado de donde iba a vivir y el cuidado y la pasión por sus caballos, fue lo que acabó por decidirme por ese sitio.
Y allí, estuvo un año, jugando, correteando, criándose con otros caballos en libertad y aprendiendo normas de sus mayores y de la convivencia en grupo. Yo iba cada vez que me podía escapar, tenía media hora de viaje, pero era un viaje feliz, sabiendo que al llegar disfrutaría de la compañía de mi potrillo, de compartir paseos del ramal, de que, si yo saltaba un tronco, él me seguía donde fuera… Sabiendo que había encontrado a un ser noble y fiel que me acompañaría en cuerpo y alma a donde yo le indicara.
Sabiendo y comprobando que los momentos de felicidad se pueden conseguir poniendo de tu parte, disfrutando y queriendo sacar partido de esos ratos.