Y de pronto,
ahí estaba ella.
Con sus ojos sinceros.
Con un aire de misterio.
Apareció de la nada,
como un Ángel,
caído del Cielo.
La vi,
y tuve la sensación,
de que llegó
el momento perfecto.
Nos miramos a los ojos.
Con calma, y sin prisas
empezamos a desnudarnos.
Sin tocarnos,
sin quitarnos la ropa.
Quizás es ella.
La persona que tanto tiempo
yo estaba esperando.