¿Qué pensarías si te dijera que a veces he tenido sueños que de alguna manera se han cumplido? y si te dijera que uno de ellos ha sido justo ese penúltimo de abril…
Hace 6 años me desperté sudando y exaltada porque había tenido una pesadilla horrible. Soñé que me levantaba de la cama y que cuando llegaba al WC empezaba a ver cómo caía sangre por mis piernas… No tendría la mayor importancia si en ese momento no hubiera estado embarazada, y ni siquiera lo recordaría ahora mismo… si no se hubiese hecho realidad.
Sí, ese mismo día sobre las 12 de la mañana fui al baño y empecé a ver lo mismo que había soñado esa misma noche, y que ya no me dejó dormir. La verdad es que estaba de apenas 6 semanas de embarazo, pero si eres madre comprenderás que da igual de cuanto se esté, que para ti ese bebé ya tiene nombre y forma parte de ti, desde el minuto uno en que se crea o más bien que sabes de su existencia… Aunque el no haberle visto ni en ecografía, ayudó a que el dolor por la pérdida fuera más llevadero y limitado en el tiempo, y más cuando tenía conmigo al amor de mi vida, Alejandra, con apenas un añito. Y a los pocos meses me quedé de nuevo embarazada de mi pequeño Óliver.
Pero el hecho de que ese aborto llegara justo ese día, me volvió a “martirizar”. No podía creer que de nuevo, ese penúltimo de abril fuera el protagonista un año más, y no por cosas bonitas…
29 de abril de 2022. Último acontecimiento hasta la fecha, que me persigue…Sí, abril del año pasado. Y para cualquiera puede suponer algo normal y no comprenda lo que para mí conlleva. Y lo entendería y respetaría. Aunque se que tú me entiendes cuando digo que puede que haya sido uno de los días más tristes de mi vida.
Desde hace casi cinco años para mi pequeña, y tres para mi bestiajo, mi vida ha girado en torno a mis hijos. Primero estaban ellos, y luego ellos, y después ellos, y por último si sobraba algo de tiempo, estaba yo… Los días desde que nacieron pasan volando, y sin darme cuenta se están haciendo mayores, y cada vez más independientes, pero aun así, sigo siendo el centro de sus vidas, como ellos lo son para mi.
Cuando me separé, uno de mis miedos era el posible daño que podría causarles al cambiarles su forma de vida. Pero comprendí que más daño les haría si no daba ese paso, porque el ejemplo que quería darles en la vida, es que hay que buscar la felicidad, y si no estás a gusto en un sitio o no te hacen sentir a gusto, no tienes que quedarte…ni conformarte con lo que no te gusta. Tienes que ser valiente y luchar por tu felicidad. Y eso quise hacer, luchar por mi felicidad y demostrar a mis hijos que si yo lo he hecho, ellos cuando sean mayores también podrán hacerlo. Que no tienen que conformarse con las cosas que no les gusten y que si no son felices, tienen que luchar por serlo, SIEMPRE.
Después de los tres primeros años de separación puedo decir que no sólo no sufrieron en absoluto, si no que se adaptaron a la perfección desde el día uno, y han sido todo este tiempo super felices. Pero también debo contar que mis hijos han estado pasando la mayor parte del tiempo, de esos casi tres años, conmigo. Al igual que hacían antes de la separación. Por lo que el cambio fue de vivienda, y de tener su casa antigua (donde se quedó su padre) una o dos noches por semana como máximo, por lo que para ellos no fue mucho cambio de forma de vida, en realidad.
Este maldito penúltimo día de abril, del año pasado, mi ex marido me pidió la custodia compartida de nuestros hijos. Sí, ahora quiere que los pequeños estén una semana con cada uno… y sí, está en su derecho como padre, y no me puedo negar, y aunque lo hiciese, un juez le daría su derecho. Pero ese día, al recibir esa noticia, y pensando en mis hijos, que llevaban toda su vida con su madre, y que de repente, vayan a estar una semana sin verla, sin estar con ella, sin sentir sus besos y abrazos…sin su cariño… y se me caía el alma a los pies.
Mi cabeza pensaba: No estaré allí cuando se caigan, o cuando les duela algo, o simplemente cuando me necesiten para cualquier tontería. No podré verles durante una semana, podré sobrevivir?
Se que en esta situación estáis muchas otras Mujeres, y que todas hemos seguido viviendo, y hemos conseguido adaptarnos. Hablo de nosotras porque seguro es más difícil que para los niños. Nuestros hijos son más fuertes y se adaptan a todo mucho mejor que cualquier adulto. Y en esta ocasión, una vez más, mis hijos se adaptaron de nuevo rápido y siguieron siendo felices. O así los veo yo, o quiero creerlo.
Pero en aquellos momentos la duda estaba en si yo seguiría siendo feliz..
Pues sí querida amiga, lo conseguí, me he adaptado a no poder ver y abrazar a mis hijos una semana de cada dos. Lo cierto es que como Mujer y empresaria y escritora, la custodia compartida me ayuda mucho. Me da mucho tiempo que antes no tenía, para poder concentrarme en los proyectos nuevos, en escribir mis libros, y en seguir dirigiendo mi empresa de marketing online. Pero como Madre, y persona que se ha desvivido por sus hijos desde hace más de 6 años, sólo sabía vivir por y para ellos, y no sabía hacer otra cosa desde que nacieron… Ahora, he aprendido a sacar “partido” de mis otras facetas de Mujer, Mujer trabajadora, Mujer con amigos y vida social, Mujer hija y hermana y ahora hasta Mujer con una pareja maravillosa que me hace sonreír cada minuto y sentir todo lo que valgo.
Intentando buscar la parte positiva de este penúltimo de abril del año pasado, me quedo con que mi amigo Jorge quiere darme un nuevo mensaje. “recupera tu vida como Mujer, que Madre ya lo eres y siempre lo serás, pero como Mujer tienes que recuperar el tiempo perdido”.
Este año, en ese mismo día “maldito” respiré hondo, y miré al reloj…eran las 12 de la noche y ese penúltimo de abril ya había terminado: ¡Una tregua!. Qué me deparará el siguiente…