Mi Tarde Bacala: Aventuras de una Rubia en el Festival del Chunda Chunda
¡Hola, querid@ lector@!
Aquí Elena Ramírez, tu rubia teñida y cronista de experiencias insólitas. Este fin de semana, me aventuré fuera de mi zona de confort musical y me sumergí en el vibrante mundo de un festival bacala, donde los beats de los 90 y el “chunda chunda” eran los verdaderos protagonistas. ¿Estás listo para bailar esta historia conmigo?
Acto I: Decisión impulsiva
Todo comenzó con una llamada de mi amigo friki nivel Dios JL, que en un arrebato de nostalgia, compró entradas para el festival Oro Viejo. “¡Será divertido!”, dijo. Y antes de que pudiera decir “es que esa música no me va…”, ya estaba arrastrada a la idea. Con 44 años y un repertorio musical que normalmente incluye todo menos el tecno, la perspectiva era… cuanto menos, interesante.
Acto II: Preparativos y Predicciones
Equipada con mis botas más cómodas y una actitud de “¿cómo será esto?”, llegué al festival. Mi atuendo intentaba ser un equilibrio entre ‘soy cool’ y ‘la última vez que fui a un concierto fue en un teatro’, mientras que a mi alrededor, todo era un desfile de neones, brillantinas, camisetas ajustadas y pantalones rotos vaqueros que gritaban años 90 por todos sus hilos.
Lo bueno es que mi edad no despuntaba ni para arriba, ni para abajo… éramos todos de mi quinta, menos algún rezagado que se había equivocado de fiesta, seguro.
Acto III: Inmersión en el Mundo del Bacalao
Los primeros beats del DJ se estallaron, y el chunda chunda tomó el control del ambiente. Allí estaba yo, intentando encontrar el ritmo entre saltos, luces estroboscópicas y viejóvenes que parecían haber descubierto la energía perpetua. “¿Se mueve uno así?”, me pregunté, mientras intentaba imitar a un grupo de bacalas que parecían elásticos humanos.
El aire vibraba con cada bajón y subida de la música, y cada tanto, reconocía un hit que me hacía decir: “¡Oh, esta sí la conozco!”, para luego darme cuenta de que era solo un remix irreconocible para el oído no entrenado en el arte del bacalao.
Acto IV: El Encuentro con la Juventud Perdida (y Encontrada)
Entre el mareo de luces y sonido, me encontré con otros cuarentones que también parecían turistas perdidos en este safari tecno, y que seguramente habían acabado allí como yo… sin voz ni voto, por el bien de la amistad y del grupo, jejeje. Todos mirando hacia adelante, a un DJ que se suponía que estaba haciendo algo al mover las manos… Que ¿Qué estaba haciendo? pues yo aún no lo se… y hasta que no lo vea un día con mis propios ojos, no me lo creeré. Mis conversaciones con mis amig@s se volvieron obsesivas: ¿pero… mira si ahora no está tocando nada, y sigue sonando todo igual….?, pero… ¿ahora qué hace tan concentrado, estará buscando la grabación siguiente?, pero.. ¿está todo grabado, o lo crea en el momento?… ¡Maldita mi ignorancia!. Si me oyera DJ Nano… me diría cuatro cosas xD.
Epílogo: Reflexiones de una Noche de Bacalao
Finalmente, exhausta pero extrañamente eufórica, me retiré del campo de batalla musical. Aunque el chunda chunda no se convirtió en mi género de elección, la experiencia fue un recordatorio hilarante y vibrante de que a veces, salir de tu zona de confort te lleva a aventuras inesperadamente divertidas. Y también a afonías de tanto hablar en sitio donde nadie te escucha…
Consejos para Sobrevivir a tu Primer Festival Bacalao
- No temas al ridículo : Nadie te está mirando, todos están demasiado ocupados bailando.
- Prepárate básicamente : Un poco de cardio previo no está de más. Esos viejóvenes no descansan.
- Disfruta la experiencia : Cada ritmo, cada luz, cada momento de desconcierto es parte de la aventura.
¿Y tú? ¿Has tenido alguna vez una experiencia similar, sumergiéndote en un mundo completamente ajeno? ¡Comparte tus historias más divertidas y cómo viviste ese choque cultural!
¡Hasta la próxima actualización de “Elena Ramírez 360º”, donde seguiré explorando los rincones más insospechados de la vida, siempre con humor y ganas de contarte todo!