¡Hola, querido friki del deporte!
Hoy te traigo un post que me hace especialmente ilusión porque voy a hablarte de una de mis mayores pasiones desde que tengo memoria: ¡el baloncesto! Este deporte ha sido mi compañero inseparable a lo largo de los años, y hoy quiero compartir contigo mi viaje friki a través del mundo del basket.
La niña del balón
De pequeña, mi balón de baloncesto era casi una extensión de mi mano. No iba a ningún lado sin él. Íbamos a la iglesia… Ahí estaba yo, con mi balón bajo el brazo. Al parque… con mi balón. A casa de mis primos… mi balón venía también. Mis padres debían de pensar que me había convertido en el guardián de la pelota, pero para mí, era mucho más que eso. Era mi pasión, mi escape y mi mejor amigo.
Mi Santuario: mi habitación
Mi habitación era un santuario friki. Tenía pósters de todos mis héroes del baloncesto: Magic Johnson , Shaquille O’Neal , Rajon Rondo y, por supuesto, el mismísimo Kobe Bryant. Puedo contarte que ya siendo adulta, pude conocer a Rondo (que así se llama mi perro) y a Kobe Bryan (que en paz descanse). Fueron dos experiencias que nunca olvidaré porque compartí buenos momentos con ellos y una charla sobre baloncesto que nunca hubiera pensado, en mi niñez, que podría tenerlas en persona con ellos. Las recuerdo como si fuera ayer.
Pero, por si fuera poco, mi habitación no solo era un santuario del baloncesto, también había un intruso: Pete Sampras , mi héroe del tenis durante gran parte de mi adolescencia, y en esos años, este deportista, se llegó a convertir en el centro de mi universo junto con mis otras estrellas del balón naranja.
Mis paredes parecían un altar, y cada noche me dormía soñando con hacer triples y ganar campeonatos.
Mis pagas de los domingos para la NBA y “Gigantes del Basket”
A medida que crecí, mi pasión por la canasta se volvió aún más intensa. Mis pagas desaparecían en revistas como la NBA Magazine y la icónica Gigantes del Basket . No exagero si te digo que puede que sea una de las mujeres (en aquellos momentos niñas) que más dinero ha invertido en ese tipo de revistas. Cada número era un tesoro que devoraba de cabo a rabo, estudiando cada estadística, cada historia de mis jugadores favoritos.
Madrugadas de NBA en mi independencia
Luego vino la independencia y, con ella, nuevas libertades. ¿Qué significaba eso para mí? ¡Madrugadas de NBA, claro! Mis equipos favoritos, los Boston Celtics y los Lakers , estaban al otro lado del Atlántico, pero eso no iba a impedirme seguir cada partido.
Allí estaba yo, en mi cama, con el portátil encendido y unos enlaces “frikis” que me pasaban amigos de Estados Unidos. Nos conectamos todos, en plena madrugada, para ver juntos los partidos. Recuerdo esas noches como momentos de pura camaradería friki, compartiendo gritos y celebraciones como si estuviéramos en el mismo salón. Qué bonitos tiempos y qué buenos amigos hice gracias al basket.
La madre friki en la NBA Fantasy
Luego llegó la maternidad, pero no me alejé de mi amor por el basket. De hecho, se intensificó de una forma particular: la NBA Fantasy. Mientras daba el pecho a mis hijos en esas largas noches, yo estaba con un ojo en mi equipo de la Fantasy, revisando alineaciones, buscando lesiones del último minuto. No quería hacer una alineación con una de mis estrellas lesionadas, porque eso podía marcar la diferencia en esa jornada. Así que a las 2 de la mañana estaba allí, ajustando mi equipo como si la victoria dependiera de mí. ¡Qué recuerdos!
De vuelta a la realidad
Hoy en día, ya no me levanto a las tantas para ver partidos. Los tiempos cambian y mis pequeños ya están creciditos, pero mi amor por la canasta sigue ahí. Y ahora son mis peques los que quieren salir a la calle con su balón debajo del brazo. Algo que me llena de alegría, orgullo y satisfacción…
Ya no sigo la NBA tan de cerca, y me he quedado un poco atrás en cuanto a nuevas estrellas. Mi mundo aún gira en torno a jugadores como mi Don Stephen Curry y mi adorado Luka Doncic . No me pidas que te hable de la última estrella emergente, porque probablemente me quede en blanco.
Pero en el fondo de mi corazón, siempre seré esa niña friki con su balón en la mano, sus posters de leyendas y sus sueños de meter triples en los últimos segundos. Porque el amor por el baloncesto, una vez que te atrapa, nunca te suelta.
Y tú, ¿eres tan friki del baloncesto como yo?
Ahora te toca a ti, querido lector. ¿Alguna vez te has levantado de madrugada para ver partidos? ¿Eres de los que también gastaba sus ahorros en revistas de basket? ¡Cuéntamelo en los comentarios y unámonos en esta pasión friki! Nos vemos en el próximo post de Un Rincón para el Friki .