Cuando siento el filo del cuchillo en mi cuello sé que es demasiado tarde. El metal está frío, más que la noche, más que mis manos temblorosas dentro de los guantes. Mi estómago da un vuelco cuando los susurros hacen cosquillas en mi oído.
-Date la vuelta.
Un rato después, él se abrocha el pantalón y me deja en aquella calle inhóspita, de aquel barrio oscuro.
Cuando siento el filo del cuchillo en mi muñeca no pienso si es demasiado tarde, solo corto, y el rojo mancha el lavabo. El metal está frío, más que la casa, más que mis manos temblorosas al descubierto. Doy un respingo cuando la puerta se abre.
-Date la vuelta.
Él me limpia las lágrimas, me da un beso y, tras darme una sonrisa lastimera, me deja sola en el baño.
Cuando siente el filo del cuchillo en su cuello sabe que es demasiado tarde. El metal está frío, más que la noche, más que sus manos temblorosas. Más que las mías. Mi estómago da un vuelco cuando los susurros me hacen cosquillas en los oídos, en la cabeza…
-No te des la vuelta.
Pero se la da, y no tengo más remedio que presionar.
Un comentario
Alba, he sentido frío. La forma en que has tejido la sensación de frío a lo largo de la narrativa es magistral, creando una atmósfera que se siente palpable. Gracias por compartir tu talento y por dejarme reflexionando sobre la fuerza y la resiliencia del espíritu humano.