¿Qué tal estás, queridísima lectora?
Si ya me conoces un poquito, sabrás que mi artículo de noviembre solo puede girar en torno a una fecha imprescindible: el 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia de Género.
Un día que, paradójicamente, existe para visibilizar algo que algunos siguen diciendo que “no existe”.
Si no existiera… ¿por qué necesitaríamos un día mundial para recordarlo?
Este año estoy cansada
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Cansada de gritar.
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Cansada de explicar que las mujeres somos seres humanos.
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Cansada de señalar cómo el patriarcado intenta anularnos en cada espacio de nuestras vidas.
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Cansada de ver mujeres asesinadas una y otra vez.
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Cansada de ver cómo algunos convierten a los niños en armas, sin importarles su dolor.
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Cansada de que nuestro cuerpo sea tratado como un objeto que se puede poseer.
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Cansada… de estar cansada.
La violencia machista no se detiene.
Y la lucha tampoco.
Pero este año lo siento diferente.
Este año no gritaré.
Un silencio que también es resistencia
Guardaré silencio por todas las que ya no están, y por todas nosotras, las que seguimos en esta lucha diaria.
Un silencio que no es rendición.
Un silencio que es memoria.
Un silencio que también es resistencia.
Y me pregunto…
¿Qué pasaría si todas estuviéramos cansadas ese día?
Si decidiéramos quedarnos en la cama, con algo calentito y una serie en Netflix…
Tal vez el silencio masivo sería más estruendoso que cualquier grito.
Gracias, querida
Gracias por estar, querida.
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