Por san Blas, la cigüeña verás”, dice el refrán. Antaño las cigüeñas anidaban en nuestro país durante el otoño porque huían del frío del norte de Europa y retornaban en primavera. Ahora, querida lectora, vemos a estas majestuosas aves permanentemente porque el cambio climático ha variado incluso sus costumbres.
En Alfaro, La Rioja, se encuentra la colonia urbana de cigüeñas más grande del mundo, con un censo de más de 500 ejemplares que, como curiosidad, se concentran en su mayoría en las torres campanario de la colegiata de San Miguel (s. XVI-XVII) y de otros edificios religiosos. La verdad es que en cualquier recoveco o alerón son capaces de construir nidos enormes que las autoridades alfareñas cuidan con esmero, en colaboración con organismos en defensa de la vida animal y ecologistas. Aunque hay otras variedades, en Alfaro se concentran las cigüeñas que son de cuello largo y plumaje blanco, con una envergadura de 215 cm entre las alas y una altura de 115 cm.
Este pueblo es un enclave vital para estos animales. Es un lugar seguro para su supervivencia porque en la reserva natural de los Sotos del Ebro, a pocos kilómetros, encuentran alimento seguro (peces, reptiles, ratones de campo…) y en Alfaro son cuidadas, protegidas con esmero. Se han convertido en un fenómeno turístico digno de admirar de tal manera que el pueblo entero se implica en conmemorar estas fechas. Se organiza un taller de broches de cigüeña en fieltro, la asociación de amas de casa hace talleres de cocina para jóvenes y niños para elaborar roscos de San Blas -que luego se bendicen en los soportales de la plaza de España-, los bares y restaurantes ofrecen elaboradas tapas que simulan nidos, y se disponen visitas guiadas a la colegiata para acceder al mirador de las cigüeñas y la torre del campanario. El recorrido dura aproximadamente dos horas y el precio es muy asequible ya que los niños entran gratis.
Hay algunos mitos en torno a las cigüeñas, relacionadas con la cultura y el folclore. En la antigua Grecia eran consideradas sagradas y se asociaban a la diosa Hera, que era la divinidad del matrimonio, el parto y la familia. En toda Europa, la imagen de la cigüeña transportando a un bebé en su pico nos recuerda la idea de la natalidad. Como además las cigüeñas se dejaban ver más en primavera, la tradición las asociaba con la fertilidad de campos y personas. Acaso sea casualidad, pero en Alfaro se da la paradoja de que es una de las localidades que registra más nacimientos de gemelos y mellizos en España. (Y esto no es leyenda, son datos contrastados). Las cigüeñas se han asociado al augurio de prosperidad y son reverenciadas como símbolo de buen presagio; según la creencia popular, verlas volando por encima traía buena suerte.
Seguramente por estas razones, alrededor del mirador de las cigüeñas, en la plaza de la Esperanza, el ayuntamiento colocó bancos desde donde contemplar con comodidad el espectáculo del vuelo de estas aves fascinantes, que llegan hasta los nidos en el momento del atardecer. Es mi recomendación para un paseo riojano tranquilo y original. Por detrás de la colegiata hay una pintada con un fragmento lírico que se refiere a las cigüeñas:
“… y nos enredamos.
Ellas sobrevuelan, se quedan, viven.
Y nosotros, enredados.”