Desafío a la lluvia constante y salgo a pasear por la zona reciente de galerías de arte, la zona de moda, es decir, por Carabanchel.
Antaño, Carabanchel Bajo y Carabanchel Alto eran pueblos independientes de la capital, de la que se separaban por medio del Puente de Toledo, esa joya barroca del arquitecto Pedro Ribera. Se anexionaron a Madrid en 1948 y hoy es un distrito más, bastante extenso geográficamente, compuesto por siete barrios.
En la actualidad es un refugio de artistas y galeristas por motivos económicos, sobre todo. Los precios elevadísimos de los alquileres en el centro de Madrid han expulsado a emprendedores y autónomos hacia zonas del extrarradio, y en Carabanchel han encontrado acogida en antiguos talleres textiles, vaquerías que ya no tienen vacas, naves industriales y rincones variopintos donde trabajar y exponer.
En muchos casos, las galerías no son solo lugares de exposición, sino también estudios donde artistas jóvenes pueden desarrollar su práctica artística en una colaboración de espacios e ideas generalmente fructífera.
Camino desde la parada del metro de Urgell hacia la calle Marquesa de Argüeso y allí encuentro @Marquesagallery. Bajo a pie por la calle Virgen de Belén para encontrarme de frente con @Belmonte. En un giro, a pocos metros, está @Veta (calle Antoñita Jiménez), que fue posiblemente el origen de toda esta colonia de galerías. Es la más grande y me dicen que incluso tiene residencia de artistas en los pisos superiores cuando llegan del extranjero y no tienen dónde alojarse.
Continúo andando hacia Antonio Leyva y, en la esquina, subo por la calle Alejandro Sánchez, donde encuentro @Hangar113. En esa misma calle hay más galerías, pero entro en esta antigua fábrica de colchones transmutada en espacio creativo para ver este bosque:
Se trata de una instalación del artista cubano Ernesto Crespo García (@ernestocrespoart), que se podrá visitar hasta el 8 de marzo. Consiste en una sucesión de telones teatrales que organizan la profundidad espacial de la galería como si fuera un bosque que se puede atravesar hasta llegar a la tienda de campaña del fondo.
Según me adentro en las profundidades de esta arboleda simulada, aparecen imágenes de animales que lo habitan y acompañan al espectador: un zorro, que comprende; un pájaro, que comunica; un búho, que observa; y un ciervo, que advierte.
La advertencia es obvia, puesto que en el claro de la espesura vemos la imagen de una enfermera curando las heridas de un árbol. El mensaje está en prevenir la destrucción de la naturaleza, fuente divina de perfección, sabiduría y salud, sin la cual nosotros, los humanos, moriríamos.
La belleza de la puesta en escena se corresponde con este espacio colaborativo y moderno, además de acogedor.
Los dueños de la galería son un joven matrimonio emprendedor que comenzó su andadura en Londres y se trasladó a Carabanchel hace poco tiempo. Hablan con pasión a los visitantes sobre su labor de intermediación entre los artistas y la sociedad, sobre sus proyectos y sobre el incumplimiento de la normativa europea por parte del Gobierno español, que grava con el 21 % de IVA a las galerías en nuestro país, mientras que en Alemania, Italia o Portugal los impuestos oscilan entre un 4 % y un 7 %.
Esta protesta ha llevado a cerrar las galerías españolas durante una semana en el mes de febrero para visibilizar el desinterés de las autoridades por la cultura en el ámbito de la creación artística. Su queja ha saltado a la prensa internacional, aunque aquí las discusiones en los medios van por otro derrotero, por desgracia.
Recomiendo un paseo tranquilo por estas calles de Carabanchel, porque no defraudan. La estética es libre y se manifiesta en plataformas abiertas al público de forma gratuita.
Es un regalo que nos enriquece.