Chez Matisse en CaixaForum
Chez Matisse es la exposición que puede visitarse en CaixaForum Madrid hasta el 22 de febrero de 2026.
El artista se deja llevar por el predominio de las cosas. Percibe lo bello que tiene alrededor, lo más cotidiano, lo de uso rutinario. Los objetos que tiene enfrente se agrandan y adquieren consistencia pictórica —como le ocurrió a Cézanne—. Se obsesiona con lo particular, donde encuentra belleza, y lo convierte en universal.
Lo existente deslumbra al pintor y hoy lo vemos en lienzos que tenemos al alcance de la mano, contagiándonos con sus destellos gráficos. Su impulso se manifiesta en la mujer deificada, las flores decorativas, la luz reflejada, la felicidad soñada. Formas psicológicas y conflictos eróticos ocupan su mente como si estuviera siempre enamorado y fuese absolutamente fiel al objeto de su amor. Sus cuadros son su pretensión de libertad en una actividad exclusiva.
Luz mediterránea y madurez artística
Henri Matisse padeció una mala salud perenne y, para recuperarse, los médicos le recomendaron el contacto con el aire y el mar. En la Costa Azul trabajó varios inviernos durante la Primera Guerra Mundial. Niza era la luz mediterránea.
Allí se instaló a finales de 1917, en soledad. Matisse se encontraba en su madurez artística. Lorette era su modelo en aquella época; aparece en una larga serie de pinturas como odalisca o, más bien, como ideal femenino inalcanzable.
Matisse había viajado a Argelia y a Andalucía en años anteriores y conservaba en su memoria la placidez, la indolencia y la tranquilidad de aquellos lugares. Se había fijado en la decoración de las casas de esas gentes exóticas, con tapices de dibujos infinitos y alfombras coloridas.
El cuerpo, la forma y el reposo
En los años veinte trata de reproducir el cuerpo humano desnudo con formas geométricas, experimentando de manera audaz, como quien representa un tótem primitivo. En la languidez de las odaliscas encuentra el reposo, lo que le permite rebajar ligeramente su paleta cromática.
Figura decorativa ante fondo ornamental
La Figura decorativa ante fondo ornamental (1925–1926) es una diosa idolatrada. Representa el sosiego de estar en calma: la mujer aparece sentada e inactiva, pero también encarna el trazo vigoroso del artista seguro de sí mismo y de lo que ha visto.
La retina de Matisse reproduce arabescos en el papel pintado del fondo, flores alrededor de un espejo, alfombras llamativas, frutas —¿limones?— en primer plano y una planta enhiesta, en todo su verdor, para simbolizar su paraíso particular.
Su viaje vital le había conducido al conocimiento del color y a descubrir la realidad como quien observa sus propios pensamientos. En este cuadro, las líneas muy marcadas resaltan el decorativismo que tanto entusiasmó a Matisse. Ninguna pincelada es banal; todas requieren atención. Juntas construyen el nuevo lienzo. Los pinceles son su verdadero pensamiento estético.
El rincón sobre el que descansa la odalisca es el motivo principal: su casa, su habitáculo. Matisse consiguió la simplicidad de llegar a lo excelso, a la belleza. Su casa era su pintura; él residía en sus cuadros.
Se dejaba llevar por los sentidos en una suerte de hedonismo que recorre toda su obra. El artista pequeño burgués extiende ante nosotros un poder inmenso más allá del caballete: el culto a la vida. Este cuadro contiene una sensualidad abstracta que, seguramente, fue uno de los grandes objetos de deseo de Matisse.
El lujo de la libertad con sinceridad, sin engaños.