El paseo de hoy nos lleva al Palacio Real de Madrid, querida lectora.
Allí se exhibe en Navidad, como cada año, el Belén del Príncipe siguiendo la tradición de rememorar el nacimiento del Niño Jesús de la manera más artística. El monarca español Carlos III se aficionó a estas representaciones de fervor en miniatura cuando era rey de Nápoles. Tanto él como su esposa colaboraban en el montaje de este pequeño pueblo bíblico para alegrar a su hijo, el futuro Carlos IV. Patrimonio Nacional conserva 89 figuras originales de época histórica y poco a poco ha ido ampliando el desfile de personajes con nuevas incorporaciones, algunas traídas de Italia. Este año 2023 se exponen 200 pequeñas tallas de las cuales 70 son originales. Los belenistas elaboran las cabezas y los brazos de terracota, mientras que los ropajes emulan la riqueza suntuaria del siglo XVIII, de donde proviene parte de su encanto.
La instalación se piensa con mucha anticipación y nunca se repite la escenografía. Cada año cambia según los gustos historicistas y los eventos que han sucedido a lo largo de ese año concreto. Los responsables de conservación que trabajan en el montaje empezaron a pensar la ubicación definitiva en marzo. El resultado ha quedado distribuido en varios ambientes con una secuencia de escenas entre las cuales destacan la alegría del mercado o el bullicio de la vida cotidiana napolitana. Ahí también se destaca la mano fina de los artesanos.
Músicos callejeros, vendedores ambulantes, taberneros, niños jugando, animales domésticos y amas de casa haciendo la colada son algunos de los motivos que he visto en este paseo madrileño que traslada al visitante al pasado napolitano. Un regalo para la vista y para la sensibilidad. En la imagen que acompaña el texto podéis ver la representación de una fonda antigua con un detalle moderno: el menú del día expuesto al público. ¿No es curioso? Los tipos populares no decepcionan por su fisonomía y sus gestos, pero los detalles del hombre que está sentado impresionan por su verismo. Los belenistas has reproducido en miniatura un plato con rodaja de sandía, un frutero con granadas abiertas por la mitad y un plato de higos que dan ganas de devorar
Todo está pensado con estricto realismo en este teatrillo napolitano. Para mi gusto, desmerece un poco la imagen del Misterio porque no es un pesebre pobre ni humilde. Los artistas del momento quisieron darle magnificencia al hecho religioso y la escena está enmarcada con grandes pilastras arquitectónicas. Quizá sea lo menos verosímil de todo el conjunto. Sea como fuere, la belleza del Belén Napolitano es una recomendación para estos días familiares y de ocio. La entrada es gratuita y el horario amplio, de 10.00 de la mañana hasta las 18.00. Si os parece que hay demasiada cola para estar esperando al frío de la calle, mi sugerencia es que visitéis los belenes de las iglesias de la Encarnación o de las Descalzas Reales, que también tienen piezas napolitanas. Que la Navidad no sea solo comprar y comer turrones.
¡Felices Fiestas para todas las personas de buena voluntad!