Un tiempo para observarse desde dentro
Estos meses me están permitiendo observar si realmente he dicho adiós en profundidad, desde mi interior.
A finales de mayo me jubilé de mi etapa de andadura en Sanidad, después de casi 48 años en estos mundos que me han permitido crecer y llegar a ser quien soy hoy.
Desde entonces, muchas personas me han preguntado: “¿Cómo estás?”.
La respuesta que he podido dar durante estos meses es: aún no lo sé.
Y entonces me miran con cara de no entenderlo, diciendo: “¡Qué bien, ya no trabajar! Ahora podrás hacer lo que desees o te apetezca”.
Mi respuesta interna es que una parte de mí ha decidido finalizar la etapa activa en el trabajo sanitario, pero no sé si otra parte, mucho más profunda, ha podido elaborarlo así todavía.
Esa parte física necesitaba mucho más descanso del que llevaba hasta ese momento. Pero la mente y las emociones siguen inmersas en otro proceso que aún no he conseguido descubrir del todo. Aunque desde fuera parezca que sí, por dentro sé que no.
El paso del tiempo y la nueva realidad
Durante junio sentía que estaba de vacaciones.
Al llegar julio, seguía sintiéndome de vacaciones.
En agosto, también.
Pero cuando llegó septiembre, algo cambió. Descubrí que ya no estaba de vacaciones. Me di cuenta de que ya no me sentía igual, aunque no sabía muy bien cómo me sentía. No podía seguir diciendo que estaba de vacaciones porque ya no lo era.
Esa toma de conciencia me asustó bastante.
Por un lado, me llevó a sentir tristeza, por no poder conectar en profundidad con lo que realmente siento en esta etapa que estoy transitando. Tampoco he podido expresarlo mucho, ya que mi cuerpo sigue manifestando el estrés acumulado de los últimos años y continúa mostrándome algunos síntomas físicos que me abstraen de mi presente y del proceso de despedirme de la vida laboral activa.
¿Estoy realmente jubilada?
Me estoy dando cuenta de que hay una parte de mí que no acaba de conectar con el hecho de estar jubilada sanitariamente. No me termina de gustar, porque una parte de mí no siente que esté en esa etapa, al menos con la connotación que la sociedad le da.
Hace unos días, hablando con un compañero, le dije: “Yo soy Técnico de Radiodiagnóstico”, y su respuesta inmediata fue: “Tú ya no, que te has jubilado”.
Mi respuesta, sin pensar, fue: “Disculpa, yo sigo siendo técnico. La única diferencia es que ya no realizo esa función. No he dejado de ser esa persona”.
Para él fue un “ufff”, no lo había visto así. Pero esa es la realidad que yo siento.
Me sirvió para darme cuenta de que, en cuanto te jubilas, parece que los demás anulan una parte de ti. Y eso no es real.
Tú te jubilas de un trabajo, de un oficio, de una acción… pero esa parte de ti no desaparece.
Esa parte es la que te ha construido, la que te ha traído hasta aquí, y sigue siendo el pilar desde el cual puedes abrir nuevas puertas y nuevas ventanas.
La vida puede mostrarte ahora una nueva mirada, sin borrar lo que ya eres. Porque eso ni se puede ni se debe eliminar.
Agradecer lo vivido para construir lo nuevo
La sociedad tiende a borrar de un plumazo aquello que hemos sido cuando llega la jubilación. Pero algo nuevo solo puede construirse agradeciendo y abrazando lo anterior.
La vida está llena de ciclos, de inicios y finales.
Y un nuevo inicio solo puede empezar reconociendo dónde ha acabado el ciclo anterior, acogiendo las experiencias y vivencias que nos permiten construir lo nuevo.
Soltar lo que ha finalizado no es olvidar, es reconocer y avanzar.
Cada persona transita sus cierres de ciclo a su propio ritmo. Yo, ahora, estoy en el ritmo lento. Y me permito hacerlo así, de la forma que es mejor para mí en cada momento.
Permitirse el tránsito
Lo más importante de este proceso es permitirse vivirlo sin prisas, sin la necesidad de que sea como la sociedad espera.
No hay una forma correcta de sentir.
Es un momento para reconocer cómo te sientes realmente.
Y si aún no lo sabes, también está bien. Permítetelo.
Conecta con lo que surja, sin desgastarte intentando que los demás lo entiendan. Es tu tránsito, tu final de etapa, tu cierre de ciclo.
Es tiempo de profundizar en ti. Primero, date espacio para reconocer el final; después, para decidir en qué dirección quieres ir, en qué ocupar tu tiempo, tu espacio, tus actividades nuevas (o aquellas que ya formaban parte de tu vida).
Hazlo desde ti.
Escucha lo que otros comparten, pero decide tú la forma, la dirección y el modo de transitarlo. Esta etapa es tuya, aunque los demás no comprendan tus decisiones.
Mi nueva etapa: el tránsito Sénior
Ahora observo que estoy en ese espacio donde todavía no sé muy bien cuál será mi nueva dirección.
Y está bien.
Es mi realidad, mi momento. Ya no quiero enfadarme conmigo por sentirme así, aunque los demás esperen otra actitud. No puedo negar mi realidad, ni quiero hacerlo.
Me permito transitar este espacio, descubrir paso a paso las sensaciones, emociones y acciones que surgen, y darme tiempo para ello. Sin hundirme, sin prolongarlo, solo permitiendo que sea.
Te seguiré contando cómo es este camino que se está cerrando y abriendo para mí, al entrar en esta nueva etapa después de la jubilación.
Me gusta decir que ahora estoy transitando mi etapa Sénior.
Cierro una etapa, abro otra
¿Nos permitimos ser realmente lo que somos y sentirnos de verdad?
¿O nos enfocamos en ser lo que los demás esperan que seamos?
Sí, tengo claro que la decisión de mi jubilación sanitaria ha sido la correcta para mí en este momento.
Ahora vivo con más tranquilidad, más presente, aunque sigo con mis actividades anteriores: mi labor holística e integrativa, que estoy redescubriendo, definiendo cómo quiero vivirla y de qué manera estar en ella.
Deseo que la vida me lo vaya mostrando, mientras voy cerrando la etapa anterior —sobre todo, sin prisas—.
Aprender a escuchar a tu cuerpo puede cambiar la forma en la que vives cada día. Permítetelo de manera fácil, a tu ritmo.
Tu avance también puede ser mi avance.
Mi apuesta puede ser la tuya.
Y la tuya puede ser distinta a la mía.
Avanzamos y nos sostenemos junt@s desde el corazón, desde una mirada nueva, desde un posicionamiento diferente que nos empodere ahora, con nueva energía, ante la realidad que estamos viviendo en este presente.
Te abrazo por permitirte mirar a través de mis cambios, mis pérdidas, mis finales y mis nuevos comienzos, en tus propios momentos, y hacerlo desde mi acompañamiento, con nuevas ideas, con nuevas miradas y con un corazón abierto en este nuevo post.