Los profesionales de la psicología sistémica y de la mediación familiar compartimos un objetivo común: el bienestar y la sanación de las familias.
Con la entrada en vigor de la L.O. 1/2025, de 2 de enero, de Eficiencia del Servicio Público de Justicia, y la visión que la misma transmite de la mediación familiar, encuadrándola dentro de los MASC, hace pensar que esta herramienta “sanadora” y, por qué no decirlo, “terapéutica”, parece que queda relegada al ámbito de los procesos que sí o sí han de resolverse, incluso por la vía amistosa, a través de los tribunales de instancia, ya sea en un proceso de divorcio, separación, relaciones paternofiliales, herencias o similares relacionados con la familia.
Nada más lejos de la realidad. La mediación familiar es una herramienta que, de manera bidireccional, acompaña y/o es acompañada por procesos terapéuticos como la terapia de pareja, normas de convivencia con hijos/as adolescentes, el cuidado de mayores o acuerdos de parentalidad, entre otros.
Han sido incontables los casos en los que he intervenido como mediadora familiar, acompañando un proceso terapéutico sin que el fin último sea alcanzar acuerdos homologables judicialmente. Os pongo un ejemplo reciente que generó un gran avance en la terapia de pareja:
Caso práctico
Pareja casada desde hace 15 años, con 3 hijos de 21, 13 y 2 años, acude a terapia de pareja debido a las dificultades que están surgiendo en el ámbito de su relación, entre otras cosas, por el desequilibrio que la esposa siente que se está produciendo en el reparto de tareas del hogar y gestiones con los hijos.
Esta pareja, cuyo objetivo no es la separación, sino la sanación, recibe, por un lado, sus sesiones psicológicas relacionales y, por otro, sus sesiones de mediación familiar para gestionar específicamente, en este encuadre, un reparto de tareas equitativo que les ayude a avanzar en su proceso terapéutico.
PRIMERA. – REPARTO DE TAREAS DOMÉSTICAS
ÉL
Fregar los platos, encargarse del lavavajillas y colocarlo.
Hacer la compra con la lista preparada por Beatriz y colocarla.
Limpiar los cristales una vez al mes.
Poner la ropa en la lavadora.
Tender la ropa teniendo en cuenta el cuidado necesario para no generar plancha y colocar la ropa de la secadora.
Realizar gestiones bancarias, administrativas o de gastos con compañías suministradoras.
Encargarse del mantenimiento del hogar (fontanería, electricidad, etc.).
Gestionar el WhatsApp escolar.
Supervisar el orden en las habitaciones de los hijos.
ELLA
Organizar el menú semanal.
Confeccionar la lista de la compra.
Preparar la merienda.
Mantener el orden de la casa en las zonas comunes.
Organizar y realizar las limpiezas generales, contando con un buen mantenimiento por parte de todo el grupo familiar.
Planchar la ropa, siempre que haya un buen lavado y tendido.
Comprar la ropa de las menores de la familia.
Comprar los utensilios de la casa.
Coser o hacer arreglos de ropa.
AMBOS
Hacer las camas.
Realizar el desayuno.
Realizar la comida.
Recoger la ropa sucia.
Acompañar a las hijas al colegio.
Acudir a las tutorías del colegio.
Acompañar a las hijas a extraescolares, con compromiso de ambas hijas acompañadas. Los partidos de los sábados por la mañana los llevará el padre.
Acompañar a las hijas a citas médicas.
Encargarse de la higiene de la hija menor.
Organizar las vacaciones de familia y el ocio familiar.
TERCERAS PERSONAS
Poner la mesa.
Realizar la cena.
Limpiar el baño.
Limpiar el polvo.
Bajar la basura.
La mediación familiar es “MÁS QUE UN MASC” y los mediadores y mediadoras debemos ampliar nuestra mirada con un verdadero propósito de servicio y misión de vida.