Hola mis queridas amigas/compañeras, hoy mi pluma está un poco mustia y muy enfadada, la tv me ha devuelto como todos los días, las imágenes del horror de los que dicen llamarse hombres y con ellos han venido hasta mis folios, los rostros de voz muda de los que pagan algunos de estos peajes para seguir viviendo. Rápidamente ha saltado entre las líneas Asmita, mi pequeña Asmita, una niña que está aprendiendo a gritar más allá de las fronteras para que acaben eso que dieron en llamar guerras y que rebusca en los diccionarios sin letras, palabras para darles forma: paz, cordura, verdad, esperanza… y mientras echa de las hojas las que de tan negras se han quedado sin color: corrupción, guerra, armas, hambre…
Aquí está Asmita, escuchadla y si podéis, gritar con ella.
“En un país en el que los niños no pueden creer en las hadas, aún puede empezar a llover cacao, para que se beban con los ojos los días que están por venir.
Asmita acaricia su dote, la roza y la siente cálida. Sabe que está en un sueño, pero nadie la obliga a despertar. Decide el calculado reparto como si en un testamento de vida se tratase:
-Los lienzos casi blancos para que los niños aguadores ciernan las huevas de los gusanos y los puedan desterrar.
-Las agujas prendidas en el cesto de costura para tejer las cicatrices de los colchones que duermen en las aceras y que no se escapen las ilusiones.
-Los calzones rematados de puntillas y sueños para que las espinas de acacia no puedan traspasar su umbral y horadar las entrañas de las nenas que quieren ser mañana, mujeres enteras.
Asmita respira tan hondo como la noche le permite y continúa racionando su legado:
-El paño de la mesa para llenarlo de yuca y ñame y hasta algún plátano si la suerte se acerca por allí y pueda luchar por las espaldas curvadas, por las telarañas de las barrigas.
-El badil del fuego del invierno, para que las manos infantiles no vuelen tras la explosión que está enmascarada en la aridez de la tierra.
Ya casi terminó de desgajar la herencia. Ahora cuando despierte pensará cómo hacer llegar sus prendas queridas a los niños que aún no creen en las hadas”.