El Espejo de la Gloria

31 de marzo de 2026

Por qué será que algunas niñas quisieran ser eternas, no crecer, esconderse en las carnes que ya no existen y las madres solo saben mirar y clamar porque algún espejo un día les de la razón.

EL ESPEJO DE GLORIA

El espejo se arrebolaba de ira cada vez que Gloria se detenía junto a él. Renegaba de lo baldío de su voz de cristal cuando ella dejaba descansar allí su maltrecha figura antes de desmigajarla. Era un ritual grismente macabro, una obsesión que se alimentaba con su cuerpo a medio hacer.

Cruzaba el pasillo coronado por la gran luna ovalada y se paraba buscando su yerma razón. Se alzaba la ropa y comenzaba a hurgarse en las entrañas del vientre, intentando atrapar los pliegues inexistentes que alguna vez vivieron allí.

Se pellizcaba con saña los restos de las caderas, la cintura derretida y por entre los huecos de la piel, aún rastreaba los espectros sebosos que solo a ella se le aparecían para burlarse groseros de su desazón.

El espejo rezumaba impotencia, chorreaba manchando el bruñido ocre del marco que en instantes como aquel, quería llorar porque le crecieran manos para acariciar la sinrazón que le robaba los mañanas a la muchacha.

Unos pasos por detrás de la escena, Marta miraba sin ver, a su hija. Se preguntaba, si acaso querría llegar a deshacerse, consumir su cuerpo hasta alcanzar la nada y regresar entonces al claustro materno para nunca volverse a engendrar.

No lograba entender porque se arrancaba a trozos la vida, como había conseguido disfrazarse la boca, los dientes horadados, el estomago sellado con adobe y cal.

Miraba al espejo con su hija dentro y maldecía mil veces el alma de vidrio. Lo sentenciaba a muerte y después arrepentida, lo arrullaba con mimo, para que se atreviera al fin a devolverle colgada de su reflejo, la verdad, antes de que Gloria se convirtiera en un charco de aire, amparado por la soledad del vestíbulo.

Princesa sin auroras, con la mirada cruzándole un rostro que había olvidado soñar. Y el espejo al fondo mancillado, sosteniendo las dos voces que ya no sabían fraguar las palabras para entenderse.

Y al pronto se le cuajó el remedio. Amontonó en el centro de su claridad: la rabia, el fango embustero, la fuerza de los quereres y los anhelos que aún revoloteaban por allí y enardecido, ensangrentado el canto y hecho maraña el cristal, comenzó a cuartearse, abriéndose en grietas de luz que rieron al fin la victoria del espejo inmolado.

Así, rotas las imágenes, quebrada la efigie y su irracional sugestión, quisiera la cordura regresar y acercándose a la hija ofrecerle algo de pan y de sal.

 

Pepi González
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Pepi González

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Hola soy Pepi Gonzálezescritora no sé desde cuando, creo que nací con ello. Estoy entusiasmada con poder compartir mi pasión contigo. Tengo 5 libros publicados, unos pocos audiorrelatos y un puñadito de premios. He venido, Mujer Cualquiera igual que yo, que sueñas con inventar mundos y vidas con un papel en la mano. Quiero traerte relatos, consejos, humor, cualquier cosa que te ayude a dibujar entre las líneas de un folio, tus ilusiones. Y sobre todo me gustaría, enseñarte que en el arte no hay muros, ni fronteras, que nos empuja a salir del momento si se pone negro, del ánimo cuando nos araña. Aquí estoy, preparada para que compongamos, para que soñemos y que creemos “hijos” e instantes literarios de todos los colores. Mi sección: Pepi González: Entre Líneas

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