La Memoria del Agua

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2 de junio de 2025
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“Él, ella, no conocían ya mis ojos, pero yo si los suyos. Este relato lo escribí hace años cuando aún no había vivido en mi interior, la voz dolorosa de la enfermedad del olvido. Luego llegó y tuve que aprender a sentir la diferencia entre el ayer y el hoy de dos de las personas que más quería en el mundo.

Él, ella, se habían olvidado de mi voz, de mi rostro…, pero yo no de los suyos. 

 

LA MEMORIA DEL AGUA

         La memoria del agua es eterna, blanca e incorrupta como el sentir del que aún no ha nacido. Es mansa y maleable. Se aseda para guardar en su tibieza los instantes que puedan servir de alimento y hasta se antoja arenosa y seca cuando el recuerdo es rasposo como lengua de gato.

         Sumerjo mis dedos en la materna calidez del estanque donde tantos momentos atesoré. Los lotos que viven allí, se me acercan flotando serenos. Llevan ahí desde los días imborrables de mi niñez. Si los miro despacio puedo escuchar las voces de mis hermanos intentando rescatar el agua de los días de lluvia, el reflejo de las manos de mi madre apartándolos con mimo para gozarse con la hermosura del mosaico del fondo.

         Me llega el aire verde de los tilos, arrullándome la piel, refrescando mi mente derrotada que busca refugio.

         Y es que la voz de la bata blanca, tras horadarme el cuerpo y el aliento con pruebas, preguntas y temores me ha confirmado lo que el revés de mi mirada presentía. La enfermedad del olvido se ha encaprichado de mi: las palabras que no acertaban a cruzarme los labios; el objeto que volaba más allá de mi razón enojada de tanto buscar; el rostro que extraviaba su nombre encajándolo en la frontera de mi voz. No se debían a los días difíciles de ayer o anteayer, ni siquiera a la edad que aún no había recorrido.

Era eso, lo que no quise nombrar. El mal, ladrón de recuerdos ha entrado en mi casa, hambriento deseoso de roer mi pasado primero y el ahora mañana, cuando ni cartas, ni runas puedan adivinar un futuro que ya no será.

         Primero he llorado por lo que iba a perder. Después por lo que sería arrebatado a los que me aman y hoy tan solo unas lágrimas más por la cobardía, hermana en el exilio de mi enfermedad.

Y de pronto me niego. No lo permitiré. Sé que mi mente y mi espíritu se vaciarán. Pero mientras un deje de lo que fui, de lo que soy me acompañe, velaré para que no pierda ni un ápice de su color.

         Por eso he regresado al estanque de la casa donde me crié y en su agua preñada de instantes amados, iré sembrando los goces de amor que sentí; el llanto del hijo cuando se escurrió de mi cuerpo exhausto; el aroma de las paredes donde lloré y fui feliz.

         Traigo el equipaje dispuesto para que duerma en la memoria del agua.

 Y en el legado de vida que escribiré para los míos, dejaré dicho que cuando mis ojos se balanceen entre la duda y el vacío, me acerquen a esta laguna, donde las figuras cinceladas del fondo me harán compañía recordando por mí.”

 

Pepi González
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Pepi González

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Hola soy Pepi Gonzálezescritora no sé desde cuando, creo que nací con ello. Estoy entusiasmada con poder compartir mi pasión contigo. Tengo 5 libros publicados, unos pocos audiorrelatos y un puñadito de premios. He venido, Mujer Cualquiera igual que yo, que sueñas con inventar mundos y vidas con un papel en la mano. Quiero traerte relatos, consejos, humor, cualquier cosa que te ayude a dibujar entre las líneas de un folio, tus ilusiones. Y sobre todo me gustaría, enseñarte que en el arte no hay muros, ni fronteras, que nos empuja a salir del momento si se pone negro, del ánimo cuando nos araña. Aquí estoy, preparada para que compongamos, para que soñemos y que creemos “hijos” e instantes literarios de todos los colores. Mi sección: Pepi González: Entre Líneas

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