Hace quince días os contaba que tenía una presentación de mi libro.
La presentación fue estupendamente , cómo sabéis una de mis enfermedades principales es la fibromialgia y justo el viernes ese por la mañana me levantaba con mucha fatiga, pero estaba claro que no iba a dejar que eso me afectase, además teniendo ya muchos años de experiencia en estos menesteres, los de mi enfermedad.
A medida que se acercaba la hora, yo me iba preparando mis apuntes mentales, es decir, aunque siempre llevo mi chuleta a las presentaciones, es evidente que para hablar de la fibromialgia y de mis vivencias no necesito mucho, solamente a mi misma y a mi cerebrito funcionando al ciento por ciento.
Llegaron las 8 de la tarde y allí estaba ,acompañada como no, por mi familia al completo y de mis hijas, las principales, mis preciosas hijas.
Estaba especialmente emocionada ya que en esta ocasión estarían mis amigas del grupo de instituto, pues es un grupo que tiene como 20 años de antigüedad, y eso me hizo estar más emocionada aún de lo que ya estaba.
Empezó la presentación y todo iba tal cual lo había yo ensayado en mi cabeza,
Estábamos tres mujeres al frente de la presentación y la verdad, en la sala la mayoría también eran mujeres que por supuesto alguna estaba acompañada por el marido.
Después de un ratito pues se va terminando la presentación y viene la parte en que yo digo que me pueden hacer preguntas , que no duden, y que responderé gustosamente.
Y las personas que me empiezan a hacer las preguntas, preguntas muy relevantes acerca de cómo empiezo a darme cuenta de que algo iba mal, cuanto tiempo me lleva saber el diagnóstico de la fibromialgia, cómo hice para cuidar a dos niñas que en esa época eran muy pequeñas y me necesitaban a cada momento.
Bueno, está claro que contesté a todo con gran placer, ya que es importante dar ayuda explicando estas experiencias de vida.
Lo que me chocó, o no sé cuál es la palabra adecuada, es la poca participación de los hombres y eso que yo misma los invité a que preguntasen, pero fueron muy reacios.
Me he quedado con la duda de si fue por el típico miedo a hablar en público o por saber qué es lo que opinan realmente sobre la Fibromialgia, serían de los que aún siguen pensando que es una enfermedad psicológica que nosotras nos creamos o que ¡ni les viene ni les va!
Fuese lo que fuese me quedo con todas las sonrisas que recaudé, esas son las que me importan.
Nos vemos en quince días y no dejéis de preguntar. ¡¡Un abrazo!!