Algo está pasando en el mundo para que ciertas personas duden del dolor de los demás.
El dolor es invisible, carece de forma y de color y, por supuesto, es intangible.
Hace unos días he podido comprobar el ataque en redes a una persona famosa con fibromialgia y, solamente por el hecho de ser una persona pública, se ha generado la duda de si su enfermedad es real.
Si goza de un bienestar económico, su “dolor es menos” y su vida es maravillosa.
¿De qué manera se demuestra el dolor?
¿Por qué es tan difícil hacerlo creíble?
¿Acaso solo lo comprendemos cuando es propio?
Me avergüenza la idea de pensar que hemos llegado al siglo XXI, la era del sinsabor, la era de la no compasión.
Vivimos en una burbuja endurecida de la cual escaparse es como un juego de magia difícil de resolver.
Creo que el dolor nos acompaña en todo momento, forma parte de nosotros y es importante darle aceptación, y es por eso que la multitud no lo entiende, no lo comprende y no lo abraza.
El dolor realmente nos hace sufrir, pero también nos hace valientes, generosos y reales.
Cuidemos el dolor, es de vital importancia.