La lágrima recién nacida
está a punto de caer,
pero entre caprichos y miedos
desde su cuna ocular,
aún no decide a quién rendir honor.
No sabe si caer en desgracia
o en llanto de emoción,
en situación de espanto
o de tributo al amor.
Con su cuerpo pequeño y audaz
se tira sin red al mundo,
su vida durará un instante,
desea un lienzo de seda como final,
un rostro sensible aterciopelado,
un sentimiento expresivo
por alguien que merezca
su entrada triunfal.