Desde que soy mami, me he vuelto a encontrar con la niña que fui…
pero esta vez la miro con otros ojos.
Ojos llenos de ternura.
He vuelto a visitar recuerdos.
Personas que acompañaron mi crecimiento.
Momentos que, de una forma u otra, dejaron huella.
He observado cómo era mi “yo” chiquitita:
cómo se comportaba, cómo se sentía, cómo miraba el mundo.
Era creativa.
Siempre inventando juegos nuevos, palabras nuevas.
Me encantaba disfrazarme, ponerme los tacones de mi madre, pintarme los labios.
Inventaba historias…
y en todas ellas me veía como una mujer triunfadora, incluso poderosa.
Crecer no siempre es fácil
Crecer, a veces, es difícil.
Dejarse la piel para conseguir tanto…
correr y sentir que no siempre se alcanza.
Fuerte. Empoderada. Siempre hacia adelante.
Y, pensándolo bien, creo que nunca solté esos zapatos.
Quizá por eso me ha costado tanto llegar hasta aquí.
Porque correr con tacones… no debe ser sencillo.
Un abrazo pendiente
¡Qué rápido ha pasado el tiempo!
Me gustaría tanto poder abrazar a esa niña…
Solo abrazarla.
No sabría qué consejo darle,
ni qué palabras de aliento utilizar.
Porque, en el fondo, creo que las dos hicimos lo mejor que pudimos
con las herramientas que teníamos.
Y no eran muchas.
Hoy elijo diferente
Ahora me toca a mí.
Hacer todo lo posible para que mi chiquitita sea feliz.
Cuidar de ella.
Acompañarla.
Y, sobre todo, crear recuerdos inolvidables.