Me hubiese gustado que este post fuese mucho más emotivo, si fuese capaz de escribir o mejor dicho describir todo lo siento ahora mismo.
Estoy convencida de que cuando menos lo espere las letras brotan solas.
Es tan doloroso el sentimiento de pérdida, ese vacío que se queda, que ni me atrevía a abrir mi diario.
Justo en el último momento, vino a mi cabeza una palabra que descubrí a comienzos de año y que ahora mismo me viene como anillo al dedo.
Ukiyo: Vivir el momento, disfrutar el presente
dejando a un lado las preocupaciones de la vida.
Haga lo que haga el dolor vive conmigo, y se viene también conmigo donde vaya; pero sí tengo que vivir el momento, y disfrutar el presente.
Siempre que abría el diario para escribir, aquí estabas tú. ¿Qué se hace con el amor que sentías, si lo que lo provocaba ya no está?
Mientras pienso en esa pregunta, y si alguna de vosotras tiene alguna respuesta, estaré encantada de leerla; mejor escribir sobre otros temas, que de por sí ya tenía en mente.
Esos detalles del día a día que pasan desapercibidos por andar en una nube, en la dinámica del estrés, de no llegar a tiempo.
Algo tan simple, como salir de casa por las mañanas y sentir el airecillo en la cara, el calor de un buen café, los pensamientos que salen de nuestra mente en ese ratito de desayuno: parece magia. Estar rodeados un domingo por nuestros seres queridos, por nuestros amigos y amigas.
Un “¿Cómo a ido el día?”, en fin, las pequeñas cosas de la vida y a las que menos importancia damos, como si se fueran a quedar para siempre, como si siempre en las comidas fuesen a estar las mismas personas, como si tuviéramos todas las mañanas del mundo para que el aire nos diera en la cara, como si tuviéramos todos los cafés con amigas.
Cuando algo cambia, porque es así, todo cambia, nos damos cuenta de que eso, que era tan pequeñito, era tan importante.
Detalles que apenas percibimos, siempre con algo más importante en la mente.
Entre los detalles que nos perdemos por no asumir la obligación de vivir el tiempo que se tiene, de saborearlo y el miedo a perder…uy! “apaga y vayámonos”.
Por miedo a perder, ¿Qué has perdido?
La felicidad, que es compleja por supuesto, no va a llegar a tu puerta. Una de mis últimas frases de auto reflexión es la siguiente: Tengo la obligación de hacerme feliz.
Un abrazo y ¡No dejes de vivir!