Escucho quiebre y me pongo a temblar. No, no es para tanto.
“He tenido un conflicto en mi vida, estoy atravesando una mala racha, tengo un problema y no sé hacerme cargo de la situación”
Se puede decir entonces que un quiebre es: la manifestación de que no soy capaz o no me encuentro en las condiciones idóneas para enfrentar el problema.
Es el deseo de realizar un cambio o la intención de crear algo nuevo y no sé por dónde comenzar; o estar atravesando una dificultad y desconozco como hacerme cargo de ella.
Por diferentes razones, estado emocional, no me siento con fuerzas, estoy cansada, no puedo más.
A lo largo del tiempo, estos van surgiendo por diferentes razones o motivos, una ruptura de pareja, la pérdida de una amistad, el final de una relación laboral, querer comenzar algo nuevo o, incluso una ruptura con nuestro ser, con nosotras mismas; ya no me siento como antes. Cuántas veces a lo largo de tu vida, ¿has podido sentirte así?
En mi opinión, el paso que no te lleva al lugar al que quieres llegar, pero sí te saca del lugar en el que estás, es el reconocimiento de estar pasando por un quiebre, estar atravesando un mal momento.
De forma personal, me atrevo a decir que este es el paso más duro de afrontar.
¿Por qué?
Tengo que reconocer que existe un problema y lo complicado es que tengo que reconocerme a mí misma el hecho de no ser capaz de resolverlo.
Muchos porqués y tan pocos cómo.
¿Por qué no soy capaz de resolverlo?
Solemos caer en las mismas experiencias, llega un punto en el que te dices, “esto ya lo he vivido antes”. No sé como evitarlo.
Esas situaciones vienen a mí o soy yo la que me acerco a ellas. En este punto incluyo a las personas, en mi caso me ocurre más con las personas, esos perfiles se acercan a mí o soy yo quien me acerco.
Esta pregunta me la he realizado con demasiada frecuencia a lo largo de muchos años.
Por lo que decidí, que ya era hora de hacer algo para cambiarlo, ahora uso filtros. En cuanto observo ciertas conductas, me retiro. Ya sé lo que viene después.
En los quiebres, solemos cometer los mismos errores y generalmente utilizamos las mismas conductas.
Algo en lo que pienso con frecuencia es que, al igual que existe una zona de confort, en cualquier terreno de nuestra vida, este también existe para con las personas que nos rodeamos.
No cambio o no cambiamos el patrón.
Si llevo repitiendo mucho tiempo este patrón o esta conducta con escasos o ningún resultado, ¿Por qué lo sigo usando?
Todo esto suele verse influido por la forma de ser de cada una, o el momento personal que estemos viviendo. Lo que para mí puede ser un problema, no tiene que serlo para ti o viceversa.
PRIMER PASO: Hecho
He reconocido que estoy atravesando un quiebre y además sé nombrar la causa del mismo.
Llegar aquí, es un alivio.
Vamos a por el SEGUNDO PASO: separar la experiencia que estoy viviendo, lo que me está haciendo sentir de la interpretación que le estoy dando.
Me gusta decir, que miro el problema o la situación desde fuera, buscar otras perspectivas para llegar a la solución.
Por ejemplo, si fuese un familiar o una amiga la que sufre el problema, ¿qué le dirías?
Es bueno hacer análisis e incluso permitirse a una misma pasarlo mal o estar triste, gracias a esta somos capaces de disfrutar de los buenos momentos de estar alegres.
Todas estas vivencias me equipan de herramientas, que pueden utilizarse en otras experiencias, no hay que dejar que se oxiden, ya que todo es fruto del aprendizaje.
Si aprendemos de lo que nos a pasado, sabremos dar nuevas respuestas y nuevas acciones.
Salir de lo conocido, de lo que se volvió costumbre. Cuestionar nuestra forma de pensar, de ver el mundo y de cómo me comunico con el resto. Observo y actúo.
La mayoría de aspiraciones de hoy, son fruto de las frustraciones del ayer.