No, no tenemos nada seguro.
A ciencia cierta, puedo decirte el día en que nací y dónde; con la certeza absoluta de que algún día partiré.
Sé cómo han transcurrido los años, lo que he vivido, como me he sentido sin darle rotundidad aquello que viví, pues con el paso del tiempo percibo todo de diferente manera.
Al vivir un suceso, puedo darle forma, encontrar explicaciones y algunos porqués y al mes encontrarme con una sensación diferente de la historia y al año otra.
Ni siquiera sé ya cómo sentirme con algunas experiencias, que a veces marcan la vida y otras dejan de tener importancia.
No sé qué pasará mañana, puedo tener un pronóstico del día, como el que mira el pronóstico del tiempo, y hasta el pronóstico del tiempo es más certero que el pronóstico del día.
Quizá, ¿el temor de un mal pasado o experiencia pronostica el futuro?
Ese miedo escénico del vivir.
Es sencillo hablar de fluir, dejarse llevar y en cambio, cuando llega el momento me doy cuenta de que estoy metida en una caja fuerte, anudada con una gran cadena llena de candados.
¿Por qué no dejas el pasado donde está y te centras en vivir el presente?
Me lo suelo preguntar a menudo y la respuesta siempre es la misma.
El miedo.
Tener miedo es sano. Llega cuando lo necesitas, y llega para protegerte. Como todo, es sano en cierta medida y dejar que gobierne los días o que todo gire en torno a este, sería un desastre.
Mucho de lo que hay a nuestro alrededor se rompe. Dejarte la piel por algo que ya está roto no hará que cambie.
No se puede controlar el viento, y a veces me empeño en controlar el tiempo, con el mismo resultado que daría controlar la dirección del viento.
Cómo reaccionan los demás es su problema, o cómo actúan; no el mío.
A veces es solo eso, dejar que las cosas se rompan, dejar que las cosas se derrumben.
Aunque me sienta perdida, nunca me he perdido en el camino, y afortunadamente siempre aparece alguien que hace que sientas que es un refugio, un lugar seguro.
Aquello que deba marcharse se irá de todos modos y lo que tenga que quedarse, se quedará y seguro que te agarra firmemente.
Me marea la idea de cómo ha cambiado mi vida, aquello que pensé que estaría siempre a desaparecido y ahora solo quedan unos cuantos interrogantes.
Así que sí, en su lugar ha quedado una mar de dudas y de miedo, que mantengo a raya de forma un poco descontrolada, a veces me siento en armonía con él y otras corriendo detrás.
Nada está seguro, ni bajo control. Todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
Al final, solo queda adaptarse y abrir las ventanas. Pues la puerta se cierra mucho antes del momento en que reconocemos que se cerró.