Querido diario llevo conmigo…
El outfit perfecto, pero, los ojitos llenitos de lágrimas.
La sonrisa perfecta, pero, el corazón roto.
El perfect makeup, pero, un vacío en el pecho.
El Smartwatch, en la muñeca pero al día le faltan horas.
Eso sí, me preguntan cómo estoy y antes de terminar, mi respuesta es: “estoy bien”, y “¿tú?”.
De manera tan intrínseca se ha convertido aquello de estar bien, que al final me lo voy a terminar creyendo…como si tener un mal día fuese sinónimo de venir de otro planeta.
Llega un punto, en el que me he dado cuenta, de que no he sido capaz de vivir un duelo por perder algo que tanto me importaba. Hay que estar bien y a todo prisa.
Siempre intentando ocultar lo que nace del dolor de la pérdida.
Callando el sufrimiento con una copa de vino, con un viaje, con una fiesta; lo que sea que anestesie el dolor y que pase rápido, por favor.
¿Te permites sentir?
Enfrentarse a uno mismo no es sencillo, filtro lo que no me gusta o me hace daño, como filtraría una foto, para que quede perfecta.
Soy humana y me equivoco de camino, y retrocedo en silencio, para que nadie se de cuenta de que me he perdido. No puedo crear mi vida con inteligencia artificial y hasta el Rumba puede volverse despistado en ocasiones y pasar dos veces por el mismo lugar.
Redirigiendo: así me siento; como cuando me paso la salida y el GPS se encarga de encontrar la mejor ruta.
Tardaré cinco minutos más en llegar, no hay nada de malo en ello.
De todas las cosas que pensé que tendría construidas a estas alturas de mi vida, no he conseguido ninguna.
Pensar de manera tan activa en esto, hace que reste valor e importancia a todo lo que sí he conseguido.
Siempre con el pensamiento de tirar hacia adelante, que apenas me da tiempo a despedirme de lo que dejo atrás.
Por aquello de estar bien, huyo de la confrontación y por miedo al adiós huyo de la conversación.
Estar bien todo el tiempo es agotador. Es un camino que no te lleva a ninguna parte.
No sé si en alguna ocasión te has sentido así.
Hoy entiendo que me dan miedo los brotes de incertidumbre, y en ellos hay muchas preguntas, reconozco también que saldría de ese estado si fuese capaz de formularlas, no las hago.
¿Sabes por qué?
Porque no quiero perturbar ese “estar bien” del resto.
Termino recordando una frase que me lleva directa a la infancia: ¿Cómo estamos todos?