No sé en qué momento se perdió la cordura. En qué momento de nuestra historia más reciente la imagen que damos nos convierte en más o menos válidos. Ya no cuentan las acciones o aportaciones a la sociedad, si has escrito un libro, si has descubierto una vacuna que ha salvado vidas o si has sacado adelante a tu familia con trabajo y pocas horas de sueño.
Ahora se impone el “aura”, el tirón que da tu imagen, tus gestos, tus tics y cuántos seguidores sumes. Porque ahora tenemos hasta competiciones de “farmear aura” y ser el “más pro”, el “más top”, el que está “a mil de aura”, el más magnético, el que tiene más nivel, más respeto…
Hablamos de una tendencia que viene de Brasil, Uruguay, Argentina… y del to farm, que en inglés significa “cultivar”, pero que, dentro del contexto gamer, consiste en repetir una acción determinada muchas veces para acumular puntos que permitan a un personaje avanzar o volverse más fuerte dentro del juego. Como el muñeco del videojuego que va saltando sobre aquello que le da premios, pero sin Play.
Si bien el aura, tradicionalmente, se asocia a un concepto espiritual, en el lenguaje de las redes sociales se ha resignificado para representar el conjunto de atributos simbólicos que una persona proyecta: carisma, presencia, seguridad, energía, estilo y magnetismo.
De esta manera, “farmear aura” significa realizar acciones, gestos, poses o mantener actitudes que, simbólicamente, incrementan el carisma y la admiración que los demás perciben en una persona. Básicamente, consiste en hacer unos gestos con tanta seguridad, indiferencia o pose que acumules una especie de prestigio invisible: el “aura”.
Antes, entre chavales, estar a tope de aura era otra historia y se resolvía cara a cara: el más ligón, el que dirige el juego, el que es capaz de escupir más lejos… Nos relacionábamos de otra forma: las redes sociales eran la calle.
Desde la Antropología analizo los usos y costumbres a través de los grupos y cómo, con el paso del tiempo, las sociedades se relacionan de otra forma. Y si antes el guerrero más fuerte, el mejor cazador de la tribu, estaba “a mil” de prestigio y era el más respetado, ahora hemos de observar a nuestros jóvenes haciendo movimientos, bailes, gestos y muecas que les ayuden a sumar los likes del resto y les eleven así al “top de aura”.
He llegado a la conclusión de que la práctica contemporánea de “farmear aura” puede interpretarse como la culminación de un proceso evolutivo de varios milenios: hemos pasado de demostrar quién era el guerrero más fuerte de la tribu a demostrar quién es el más “figura” delante de una cámara.
La selección natural ha sido sustituida por el algoritmo y todo me hace pensar que ya no necesitaremos ningún meteorito para extinguirnos.
Pilar Fernández Angulo
«Mi mirada»