Dejamos atrás otro 8 de marzo y la prensa informa que en la población más joven aumentan los detractores del feminismo. Y yo trato de entender dónde está el origen de esta situación y cómo es posible. Para ello debo despojarme de mis convicciones, de mi bagaje, de mi mochila, y acercarme a esa realidad con otras gafas, ya que cuestionar un pensamiento diferente al mío con mis lentes no me dejará ver nada. En Antropología hablamos de emic y de etic para diferenciar el punto de vista del que observa una realidad diferente y el del observado.
Yo nací en los setenta, mi madre es una gran conocedora de la lucha de la mujer de su época y de las circunstancias en las que la generación de mi abuela vivió. Soy una mujer occidental, con estudios universitarios y conocedora de nuestra historia. Y con esas gafas, difícilmente comprenda a los jóvenes que no se identifican con el feminismo, que yo entiendo y defiendo como primordial. Y es por este motivo que no lo cuestiono.
Los chicos y chicas jóvenes no han vivido, como tampoco yo, la lucha ante la desigualdad de derechos de la mujer, pero estos jóvenes no se han acercado a conocerla, no han estudiado esa historia o lo han hecho de forma, cuanto menos, sesgada. Y puedo decir que son jóvenes que creen en la igualdad de derechos, pero no se identifican con el concepto feminismo. No hay más que ver la raíz de éste para entender que incluye a lo femenino sin abarcar lo masculino. ¿Cómo puede entonces representar la igualdad si olvida una parte?
Hablo con mi hija de 17 años y encuentro la explicación. Si queremos igualdad, no distorsionemos el significado del concepto, así que mejor decir que luchamos por el igualitarismo y no tanto por el feminismo, o que somos mujeres y hombres que luchamos por la igualdad de derechos.
Si todas son medidas ventajosas para las féminas, los hombres igualitarios, por no decir de conciencia feminista, podrían verse en desventaja si su pareja femenina quiere hacerle daño. Hay personas malas y buenas y no por definición la mujer es víctima en todo caso. Puedo decir que el nuevo pobre en esta sociedad puede ser un varón, separado y con hijos, que pasa la manutención a sus hijos y deja el domicilio familiar aunque sigue pagando hipoteca y debe pedir alojamiento a sus padres.
Si las chicas se sienten iguales en derechos frente a los chicos ¿cómo es posible que admiren a cantantes cuyas letras las menosprecian, las utilizan, las cosifican, las sexualizan y las silencian? ¿No lo viven como un insulto?
El amor romántico, el príncipe azul que vendrá a salvarnos, fue muy de mi juventud. Aprendí que las personas no hacen daño si no que lo hacen las expectativas que nos creamos de esas personas. Y las expectativas venían del cine, de Disney, y de ese amor romántico.
Cuando una chica aprende eso de su propia experiencia descarta que vengan a salvarla, ya que no se trata de eso. Aprende a esperar un amor auténtico sin que exista una necesidad. Y en nuestra sociedad las jóvenes esperan ser una naranja completa y encontrar un compañero o compañera desde el respeto y la igualdad. Y no creen en un concepto tan reduccionista como feminismo, al no englobar a todos los colectivos como sí hace el concepto igualitarismo, porque ningún concepto es casual; y feminismo se origina en la raíz latina Femina- que significa “mujer” o “hembra”, -ismo sufijo de origen griego que indica “doctrina o movimiento” o –ista que indica “partidario de dicho movimiento”.
Otra historia será entender la música que les identifica, pero de eso hablaremos otro día.