La fuerza de la naturaleza
La naturaleza no pide permiso, no atiende a razones, porque además no las hay.
Vemos con espanto cómo esta última borrasca está borrando el paseo de una de nuestras playas del sur. Y nos lamentamos, porque no hay mucho que hacer cuando es el mar el que avanza sin pedir permiso.
El mar recupera lo que es suyo, lo que el hombre le arrebató construyendo sobre un terreno natural. Manos ambiciosas hicieron una playa donde era imposible. Una vez más, terrenos inundables urbanizados por intereses que no respetan ni entienden las propias normas de la naturaleza.
Valencia vivió algo parecido y todos vimos el desastre que provocó la lluvia cuando el torrente siguió su camino. Un camino natural que estaba ahí mucho antes que las propias calles. El agua solo seguía su recorrido habitual hacia el mar.
La única alternativa del ser humano frente al poder de la naturaleza y sus consecuencias es resignarse y adaptarse.
Y, desde esta metáfora tan real, podemos perfilar una enseñanza.
“La naturaleza es sabia”
Mis mayores siempre decían que la naturaleza es sabia y, además, poderosa. No deberíamos subestimar su fuerza, sino adaptarnos a ella.
Una vez vi un anuncio en televisión en el que se publicitaba un coche. Aparecía Bruce Lee dando una especie de consejo, con enorme convencimiento, diciendo:
“Be water, my friend.”
Me llamó mucho la atención y busqué su significado. Bruce Lee explicaba que el agua adopta la forma del recipiente que ocupa, indicando que ser agua implica una gran flexibilidad y adaptabilidad ante los cambios.
Aprender a no resistirse
Cuando las cosas se complican, pasan y nos arrollan; cuando las emociones duelen y no hay realmente más opción que vivirlo, me viene a la mente una frase de mi tío abuelo Rafael.
Una enseñanza repetida, heredada y transmitida por mi madre en esos momentos difíciles en los que decía:
“Si hay solución, ¿para qué sufres? Y si no hay solución, ¿para qué sufres, si además es imposible?”
Ser agua
Hoy intento ser agua, siguiendo ese be water.
Adaptándome a lo que suceda, incluso a las situaciones más dolorosas e inesperadas.
Evitando ser una piedra rígida que pueda quebrarse.
Siendo agua:
que no se resista,
que se amolde,
que fluya.
Y también me repito esa frase de mi tío abuelo, tratando de aprender a asumir y dejar pasar, porque no hay solución para aquello que, además, es imposible.